Fallo Santillán (CSJN, 1998): resumen, sumario y texto completo

«Santillán, Francisco Agustín s/ recurso de casación»

TribunalCorte Suprema de Justicia de la Nación
Fecha de sentencia13 de agosto de 1998
JurisdicciónNacional

Datos del fallo

Carátula
Santillán, Francisco Agustín s/ recurso de casación
Tribunal
Corte Suprema de Justicia de la Nación
Fecha
13 de agosto de 1998
Expediente
S. 1009. XXXII. — Fallos 321:2021
Jurisdicción
Nacional
Materia
Derecho procesal penal · Derecho penal · Derecho constitucional
Voces
querellante particularacusaciónministerio público fiscalacción penal públicaformas sustanciales del juiciodebido procesodefensa en juicioderecho a la jurisdicciónsentencia condenatoriaartículo 393 CPPN

Resumen del fallo Santillán

El 13 de agosto de 1998 la Corte Suprema dejó sin efecto la sentencia de la Cámara Nacional de Casación Penal que había confirmado la absolución de Francisco Agustín Santillán. Al alegar sobre la prueba producida en el debate (art. 393 del Código Procesal Penal de la Nación), el representante del ministerio público pidió la absolución por considerar atípicos los hechos, mientras que el querellante particular reclamó que se lo condenara por abandono de persona agravado (art. 106, párrafo segundo, del Código Penal) a cinco años de prisión.

El tribunal oral entendió que, dadas las facultades que el ordenamiento procesal le confiere al ministerio público para el ejercicio de la acción penal pública, la actuación del querellante no era autónoma respecto de ese órgano: postulada la absolución por el fiscal, el pedido de condena de la querella no bastaba para habilitar un pronunciamiento condenatorio. Por eso absolvió a Santillán por inobservancia de una de las formas sustanciales del juicio (art. 18 de la Constitución Nacional) y la Casación confirmó ese criterio.

La Corte separó el caso de «Tarifeño» (28 de diciembre de 1989) y de la línea que lo siguió (Fallos: 317:2043; 318:1234, 1400 y 2098, y «Saucedo», del 12 de septiembre de 1995): en esos precedentes ninguna de las partes legitimadas había formulado acusación en la etapa prevista por los ordenamientos procesales, mientras que acá el querellante particular sí pidió pena en esa misma oportunidad. Sobre esa base sostuvo que la exigencia de acusación, como forma sustancial de todo proceso penal, no contiene distingo alguno respecto del carácter público o privado de quien la formula (Fallos: 143:5).

El eje del fallo es el derecho a la jurisdicción, consagrado implícitamente en el art. 18 de la Constitución Nacional: todo aquel a quien la ley reconoce personería para actuar en juicio en defensa de sus derechos está amparado por la garantía del debido proceso, que asegura a todos los litigantes por igual el derecho a obtener una sentencia fundada previo juicio llevado en legal forma y una sentencia útil sobre sus derechos, en coincidencia con los arts. 8°, párrafo primero, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 14.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. La lectura del a quo, dijo la Corte, dejaba ese derecho «vacuo de contenido».

La Corte declaró procedente el recurso extraordinario, dejó sin efecto el pronunciamiento apelado y devolvió las actuaciones para que se dictara un nuevo fallo conforme a derecho. No ordenó condenar a Santillán: le devolvió al tribunal la jurisdicción para formular el juicio final de culpabilidad o inocencia con apoyo en la pretensión punitiva de la querella. Nazareno, Moliné O'Connor y Vázquez concurrieron por su voto, remitiéndose a lo que habían sostenido en «Cáseres» (25 de septiembre de 1997): el requerimiento de absolución del fiscal de juicio no desapodera al tribunal del ejercicio de la jurisdicción.

¿Por qué es importante este fallo?

«Santillán» es el precedente que se invoca cada vez que el fiscal pide la absolución o el sobreseimiento y la querella mantiene la acusación. Fijó que la acusación del querellante particular alcanza, por sí sola, para habilitar al tribunal a dictar sentencia sobre la culpabilidad o la inocencia del imputado, sin que el pedido desincriminante del ministerio público le quite jurisdicción.

Puso un límite a la lectura extendida de «Tarifeño», que se venía usando para absolver sin más ante la falta de acusación fiscal. La Corte no revocó esa línea: la distinguió sobre un hecho concreto —en aquellos casos ninguna parte legitimada había acusado; acá el querellante acusó en la oportunidad del art. 393 del Código Procesal Penal de la Nación—, y por eso el fallo se cita para delimitar el alcance de una y otra doctrina.

Consolidó la posición de la víctima constituida en querellante dentro del proceso penal de acción pública. El derecho a formular acusación que le reconoce la ley procesal no puede quedar vacío por una interpretación que le niegue un pronunciamiento útil sobre sus derechos, razonamiento que la Corte ancla en el art. 18 de la Constitución Nacional y en los arts. 8.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 14.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Sigue siendo de cita corriente en los tribunales: se lo usa para sostener que el pedido fiscal de absolución no impide la condena fundada en la acusación de la querella, para impugnar sobreseimientos dictados por falta de acusación del ministerio público y para habilitar la continuación del proceso solo con la acusación particular. La jurisprudencia posterior suele leerlo además en clave de tutela judicial efectiva de la víctima, aunque el fallo razona con el vocabulario del derecho a la jurisdicción y de la sentencia útil.

Sumario del fallo

  1. El art. 18 de la Constitución Nacional exige la observancia de las formas sustanciales del juicio relativas a la acusación, defensa, prueba y sentencia dictada por los jueces naturales, y dota así de contenido constitucional al principio de bilateralidad sobre cuya base el legislador está sujeto a reglamentar el proceso criminal.
  2. La exigencia de acusación, como forma sustancial en todo proceso penal, salvaguarda la defensa en juicio del justiciable, sin que tal requisito contenga distingo alguno respecto del carácter público o privado de quien la formula (Fallos: 143:5).
  3. Si bien incumbe a la discreción del legislador regular el marco y las condiciones del ejercicio de la acción penal y la participación asignada al querellante particular, todo aquel a quien la ley reconoce personería para actuar en juicio en defensa de sus derechos está amparado por la garantía del debido proceso legal consagrada por el art. 18 de la Constitución Nacional, que asegura a todos los litigantes por igual el derecho a obtener una sentencia fundada previo juicio llevado en legal forma (Fallos: 268:266).
  4. El derecho a la jurisdicción, consagrado implícitamente en el art. 18 de la Constitución Nacional como la posibilidad de ocurrir ante algún órgano jurisdiccional en procura de justicia y obtener de él sentencia útil relativa a los derechos de los litigantes, es coincidente con el que reconocen los arts. 8°, párrafo primero, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 14.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
  5. Difiere sustancialmente del precedente «Tarifeño» el caso en que, pese al pedido de absolución formulado por el representante del ministerio público en la oportunidad del art. 393 del Código Procesal Penal de la Nación, el querellante particular solicitó en esa misma oportunidad la imposición de una pena.
  6. Corresponde dejar sin efecto el pronunciamiento que, con apoyo en los preceptos que regulan la intervención del ministerio público en el ejercicio de la acción penal pública, privó de jurisdicción al tribunal oral para formular un juicio final de culpabilidad o inocencia con apoyo en la pretensión punitiva del querellante particular.
  7. Aun cuando la norma procesal ofrezca distintas interpretaciones posibles, el a quo no debe optar por aquella que priva al particular querellante —a quien la ley le reconoce el derecho a formular acusación en juicio penal— de un pronunciamiento útil relativo a sus derechos, pues esa interpretación dejaría a aquél vacuo de contenido.
  8. El requerimiento de absolución por parte del fiscal de juicio no desapodera al tribunal del ejercicio de la jurisdicción (voto de los jueces Nazareno, Moliné O'Connor y Vázquez).

Preguntas frecuentes

¿Qué resolvió la Corte Suprema en el fallo «Santillán»?

Que la acusación del querellante particular basta por sí sola para habilitar al tribunal a dictar sentencia sobre la culpabilidad o la inocencia del imputado, aunque el fiscal haya pedido la absolución al alegar. La Corte dejó sin efecto la sentencia que había absuelto a Santillán por falta de acusación fiscal y devolvió la causa para que se dictara un nuevo fallo conforme a derecho.

¿Puede haber condena si el fiscal pide la absolución?

Según «Santillán», sí, siempre que exista acusación del querellante particular formulada en la etapa procesal correspondiente. La exigencia constitucional es que haya acusación, y el art. 18 de la Constitución Nacional no distingue según el carácter público o privado de quien la formula (Fallos: 143:5).

¿En qué se diferencia «Santillán» de «Tarifeño»?

En «Tarifeño» y en los fallos que lo siguieron ninguna de las partes legitimadas había formulado acusación en la etapa prevista por la ley procesal, de modo que faltaba la acusación que el art. 18 de la Constitución Nacional exige como forma sustancial del juicio. En «Santillán», en cambio, el querellante particular sí pidió pena al alegar sobre la prueba (art. 393 del Código Procesal Penal de la Nación), y esa diferencia de hecho es la que la Corte usó para distinguir ambos supuestos.

¿La Corte condenó a Santillán en este fallo?

No. Declaró procedente el recurso extraordinario, dejó sin efecto el pronunciamiento apelado y devolvió las actuaciones al tribunal de origen para que, por quien correspondiera, se dictara un nuevo fallo conforme a derecho. Lo que hizo fue restituirle al tribunal la jurisdicción para pronunciarse sobre la culpabilidad o la inocencia, no imponer una condena.

¿Para qué casos se usa hoy el fallo «Santillán»?

Se lo invoca en los planteos sobre autonomía del querellante en delitos de acción pública: para impugnar absoluciones o sobreseimientos dictados por falta de acusación fiscal, para sostener la continuación del proceso con la sola acusación particular y para fundar condenas apoyadas en el pedido de pena de la querella cuando el ministerio público pidió la absolución.

Texto completo del fallo Santillán

Descargar el fallo en PDF ↓También podés leerlo completo a continuación, tal como fue publicado por el tribunal.

Buenos Aires, 13 de agosto de 1998.

Vistos los autos: "Santillán, Francisco Agustín s/ recurso de casación".

Considerando:

1°) Que la Cámara Nacional de Casación Penal confirmó la sentencia del tribunal oral que había absuelto a Francisco Agustín Santillán del delito por el cual fue oportunamente requerida la elevación de la causa a juicio por la parte querellante (fs. 145/150) y por el fiscal (fs. 165/ 167).

2°) Que en ocasión de alegar oralmente sobre la prueba producida (art. 393 del Código Procesal Penal de la Nación), el representante del ministerio público solicitó la absolución del procesado por considerar atípicos los hechos en que se había fundado la conducta a él atribuida, en tanto que el querellante particular requirió que se le condenase por el delito de abandono de persona agravado (art. 106, párrafo segundo del Código Penal) a la pena de cinco años de prisión.

3°) Que el a quo consideró que, como consecuencia de las facultades conferidas por el actual ordenamiento procesal al representante del ministerio público para el ejercicio de la acción penal pública, la actuación del querellante particular no era autónoma respecto de aquel órgano y que, por ello, postulada la absolución por el primero, el pedido de condena de la querella no era suficiente para habilitar al tribunal a emitir un pronunciamiento de condena. Por tal motivo absolvió a Santillán por inobservancia de una de las formas sustanciales del juicio (art. 18 de la Constitución Nacional).

4°) Que contra ese pronunciamiento, la parte querellante interpuso el recurso extraordinario federal con apoyo en la doctrina de arbitrariedad de sentencias, por considerar que la resolución apelada no constituía una derivación razonada del derecho vigente. Argumentó que, a diferencia del precedente de esta Corte in re T.209.XXII "Tarifeño, Francisco s/ encubrimiento en concurso ideal con abuso de autoridad", fallado el 28 de diciembre de 1989, en el sub lite la parte querellante legalmente constituida había ejercido en plenitud su pretensión punitiva respecto de la cual la defensa pudo, a su turno, hacer valer los derechos que pudieren asistirle. En tales condiciones, en la medida en que el tribunal de la instancia anterior estaba obligado a ejercer su jurisdicción y no lo hizo, estimó conculcados sus derechos a la igualdad y al debido proceso (arts. 16 y 18 de la Constitución Nacional).

5°) Que a fs. 417/418 el a quo declaró improcedente el remedio federal con apoyo en la arbitrariedad invocada y habilitó la vía extraordinaria respecto de la cuestión federal fundada en la inobservancia de las formas sustanciales del juicio (art. 18 de la Constitución Nacional).

6°) Que en autos existe cuestión federal suficiente para habilitar la instancia extraordinaria, en la medida en que se ha puesto en tela de juicio el alcance del art. 18 de la Constitución Nacional y la decisión ha sido contraria a la pretensión que el recurrente sustentó en él (art. 14, inc. 3°, de la ley 48).

7°) Que, con carácter previo, cabe señalar que las circunstancias que concurren en el sub lite difieren sustancialmente de aquéllas que dieron origen al precedente "Tarifeño" antes citado, y lo resuelto, en igual sentido, por este Tribunal en Fallos: 317:2043; 318:1234, 1400 y 2098; y causa S.172.XXVIII "Saucedo, Elizabeth y Rochia Pereyra, Lauro Daniel s/ averiguación de contrabando", del 12 de septiembre de 1995, entre otros.

8°) Que ello es así toda vez que, mientras que en esos casos las partes legitimadas para ello no habían formulado acusación alguna durante el proceso, en la etapa prevista en los respectivos ordenamientos procesales penales, en autos -pese al pedido de absolución formulado por el representante del ministerio público en la oportunidad prevista por el art. 393 del Código Procesal Penal de la Nación- el querellante particular solicitó, en esa misma oportunidad, la imposición de una pena en los términos ut supra reseñados.

9°) Que esta Corte, al precisar qué debe entenderse por procedimientos judiciales a los efectos del art. 18 de la Constitución Nacional, ha dicho que esa norma exige la observancia de las formas sustanciales del juicio relativas a la acusación, defensa, prueba y sentencia dictada por los jueces naturales (Fallos: 125:10; 127:36; 189:34; 308:1557, entre muchos otros), y dotó así de contenido constitucional al principio de bilateralidad sobre cuya base, en consecuencia, el legislador está sujeto a reglamentar el proceso criminal (doctrina de Fallos: 234:270).

10) Que de ello se sigue que la exigencia de acusación, como forma sustancial en todo proceso penal, salvaguarda la defensa en juicio del justiciable, sin que tal requisito tenga otro alcance que el antes expuesto o contenga distingo alguno respecto del carácter público o privado de quien la formula (Fallos: 143:5).

11) Que si bien incumbe a la discreción del legislador regular el marco y las condiciones del ejercicio de la acción penal y la participación asignada al querellante particular en su promoción y desarrollo, desde que se trata de lo atinente a la más acertada organización del juicio criminal (Fallos: 253:31), todo aquel a quien la ley reconoce personería para actuar en juicio en defensa de sus derechos está amparado por la garantía del debido proceso legal consagrada por el art. 18 de la Constitución Nacional, que asegura a todos los litigantes por igual el derecho a obtener una sentencia fundada previo juicio llevado en legal forma (Fallos: 268:266, considerando 2°).

Ello en el marco del derecho a la jurisdicción consagrado implícitamente en el art. 18 de la Carta Magna y cuyo alcance, como la posibilidad de ocurrir ante algún órgano jurisdiccional en procura de justicia y obtener de él sentencia útil relativa a los derechos de los litigantes (Fallos: 199:617; 305:2150, entre otros), es coincidente con el que reconocen los arts. 8°, párrafo primero, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 14.1. del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

12) Que es misión de los jueces contribuir al eficaz y justo desempeño de los poderes atribuidos al Estado para el cumplimiento de sus fines del modo más beneficioso para la comunidad y los individuos que la forman (confr. doctrina de Fallos: 315:1922), y en el logro de este propósito de asegurar la administración de justicia no deben estar cegados al principio de supremacía constitucional para que esa función sea plena y cabalmente eficaz (confr. doctrina de Fallos: 308:490 y 311:2478, entre otros).

13) Que el tribunal apelado derivó de una serie de preceptos contenidos en la ley procesal penal vigente que estimó como regulatorios de la intervención que le corresponde al representante del ministerio público, y su incidencia en el ejercicio de la acción penal pública desde su impulso hasta el dictado de la sentencia, consecuencias respecto de la intervención reconocida al querellante particular en el proceso penal y, específicamente, en la etapa prevista por el art. 393 del Código Procesal Penal de la Nación, que significaron privar de jurisdicción al tribunal oral para formular un juicio final de culpabilidad o inocencia con apoyo en la pretensión punitiva de la parte citada en último término.

14) Que es principio aceptado que jamás la inconsecuencia o falta de previsión pueden suponerse en el legislador, por lo que el a quo debió, frente a los diversos intereses en juego que surgen de la normativa constitucional a aplicarse en el sub examine, interpretar las normas del Código Procesal Penal de la Nación de modo que armonizasen con el ordenamiento jurídico restante y con los principios y garantías de la Constitución, evitando darles un sentido que pone en pugna sus disposiciones, destruyendo las unas por las otras y adoptando como verdadero el que las concilie y deje a todas con valor y efecto (Fallos: 297:142; 300:1080; 301:460; 310:192, entre otros).

15) Que ello es así aun cuando el a quo estimase, en el marco de atribuciones que le competen en materia no federal, que la norma procesal ofrece distintas interpretaciones posibles, caso en el cual no debió optar por aquélla que -como en el sub lite- ha ido en desmedro de una adecuada hermenéutica de las normas en juego, con serio menoscabo de los derechos asegurados por la Constitución Nacional al privar al particular querellante, a quien la ley le reconoce el derecho a formular acusación en juicio penal, de un pronunciamiento útil relativo a sus derechos, pues esta interpretación dejaría a aquél vacuo de contenido.

Por ello, oído el señor Procurador General, se declara procedente el recurso extraordinario y se deja sin efecto el pronunciamiento apelado. Hágase saber y devuélvase al tribunal de origen a fin de que, por quien corresponda, se dicte un nuevo fallo conforme a derecho. JULIO S. NAZARENO (por su voto)- EDUARDO MOLINE O'CONNOR (por su voto)- CARLOS S. FAYT - AUGUSTO CESAR BELLUSCIO - ENRIQUE SANTIAGO PETRACCHI - ANTONIO BOGGIANO - GUSTAVO A. BOSSERT - ADOLFO ROBERTO VAZQUEZ (por su voto).

VOTO DEL SEÑOR PRESIDENTE DOCTOR DON JULIO S. NAZARENO, DEL SEÑOR VICEPRESIDENTE DOCTOR DON EDUARDO MOLINE O'CONNOR Y DEL SEÑOR MINISTRO DOCTOR DON ADOLFO ROBERTO VAZQUEZ

Considerando:

Que, como se señaló en el voto de los suscriptos al resolver la causa C.397.XXVIII. "Cáseres, Martín Horacio s/ tenencia de arma de guerra", el 25 de septiembre de 1997, el requerimiento de absolución por parte del fiscal de juicio no desapodera al tribunal del ejercicio de la jurisdicción.

Que por ello, y sobre la base de los argumentos y conclusiones expuestos al decidir aquélla, a la que cabe remitirse en razón de la brevedad, corresponde revocar la sentencia apelada.

Por ello, oído el señor Procurador General, se declara procedente el recurso extraordinario y se deja sin efecto el pronunciamiento apelado. Hágase saber y devuélvase al tribunal de origen a fin de que, por quien corresponda, se dicte un nuevo pronunciamiento conforme a derecho. JULIO S. NAZARENO - EDUARDO MOLINE O'CONNOR - ADOLFO ROBERTO VAZQUEZ.

Texto extraído del documento oficial del tribunal. Ante cualquier diferencia, prevalece el PDF original.

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