Fallo Arancibia Clavel (CSJN, 2004): resumen, sumario y texto completo
«Arancibia Clavel, Enrique Lautaro s/ homicidio calificado y asociación ilícita y otros — causa n° 259»
Datos del fallo
- Carátula
- Arancibia Clavel, Enrique Lautaro s/ homicidio calificado y asociación ilícita y otros — causa n° 259
- Tribunal
- Corte Suprema de Justicia de la Nación
- Fecha
- 24 de agosto de 2004
- Expediente
- A. 533. XXXVIII — Fallos 327:3312
- Jurisdicción
- Nacional
- Materia
- Derecho penal · Derechos humanos · Derecho internacional
- Voces
- imprescriptibilidadcrímenes de lesa humanidadasociación ilícitajus cogensprincipio de legalidadcostumbre internacionalDINAPrats
Resumen del fallo Arancibia Clavel
El 24 de agosto de 2004, la Corte Suprema dejó sin efecto la sentencia de la Cámara Nacional de Casación Penal que había declarado prescripta la acción penal contra Enrique Arancibia Clavel, agente de la DINA chilena condenado en Argentina como miembro de una asociación ilícita y por su participación en el atentado que en 1974 asesinó en Buenos Aires al general chileno Carlos Prats y a su esposa, Sofía Cuthbert.
El Tribunal sostuvo que la asociación ilícita integrada para perseguir y eliminar opositores políticos —el aparato represivo de la DINA actuando en el extranjero— constituye un crimen de lesa humanidad, y que tales crímenes son imprescriptibles conforme a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad, con jerarquía constitucional desde 1995.
El punto más debatido fue la aplicación temporal: los hechos eran de 1974 y la Convención se incorporó después. La mayoría respondió que la imprescriptibilidad ya regía al momento de los hechos como norma de la costumbre internacional (jus cogens), de modo que la Convención solo afirmó un principio preexistente: no se trata de aplicación retroactiva de la ley penal sino del derecho vigente entonces.
La decisión se adoptó por mayoría, con votos concurrentes de Boggiano y Maqueda y las disidencias de Belluscio, Fayt y Vázquez, fundadas en el principio de legalidad y la irretroactividad. Un año después, esta doctrina sería la base de «Simón».
¿Por qué es importante este fallo?
Es la primera pieza de la trilogía que reabrió el juzgamiento del terrorismo de Estado —«Arancibia Clavel» (imprescriptibilidad, 2004), «Simón» (invalidez de las amnistías, 2005) y «Mazzeo» (invalidez de los indultos, 2007)—: sin la regla de que estos crímenes no prescriben, ningún juicio habría sido posible treinta años después de los hechos.
Incorporó de manera operativa la costumbre internacional y el jus cogens como fuente del derecho penal argentino, el movimiento dogmático más discutido de la jurisprudencia contemporánea de la Corte.
Definió que la pertenencia a una asociación ilícita destinada a la persecución de opositores políticos es, en sí misma, un crimen de lesa humanidad, categoría aplicada desde entonces en los juicios a los integrantes del aparato represivo.
El contrapunto entre la mayoría y las disidencias de Belluscio, Fayt y Vázquez sobre legalidad, irretroactividad y costumbre internacional es uno de los debates centrales del derecho penal constitucional argentino, retomado en cada causa de lesa humanidad.
Sumario del fallo
- La asociación ilícita integrada para perseguir a opositores políticos por medio de homicidios, desapariciones forzadas y tormentos, con la aquiescencia de funcionarios estatales, constituye un crimen de lesa humanidad conforme al derecho internacional.
- Los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles según la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad, de jerarquía constitucional (artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional y ley 25.778).
- La imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad regía al momento de los hechos como norma consuetudinaria del derecho internacional (jus cogens): la Convención no introdujo la regla sino que afirmó su preexistencia, por lo que su aplicación no vulnera el principio de irretroactividad de la ley penal.
- La declaración de prescripción de la acción penal en crímenes de esta naturaleza compromete la responsabilidad internacional del Estado argentino, obligado a investigar y sancionar las violaciones graves de los derechos humanos.
- Las reglas de prescripción de la acción penal previstas en el ordenamiento interno quedan desplazadas por el derecho internacional imperativo respecto de los crímenes de lesa humanidad (disidencias: el principio de legalidad del artículo 18 CN impide fundar la imprescriptibilidad en la costumbre internacional o aplicarla retroactivamente).
Preguntas frecuentes
¿Qué resolvió la Corte Suprema en «Arancibia Clavel»?
Que los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles en el derecho argentino, incluso los cometidos antes de la incorporación de la Convención sobre la Imprescriptibilidad, porque la regla ya regía como costumbre internacional (jus cogens). Por eso dejó sin efecto la prescripción que la Casación había declarado a favor del agente de la DINA Enrique Arancibia Clavel.
¿Quién era Arancibia Clavel y cuál era el hecho?
Un agente de la DINA —la policía secreta de Pinochet— que operaba en Buenos Aires, condenado por integrar esa estructura y por su participación en el atentado de 1974 que asesinó al general chileno Carlos Prats, ex comandante en jefe del Ejército de Chile y opositor al régimen, y a su esposa Sofía Cuthbert.
¿Aplicar la imprescriptibilidad a hechos de 1974 no viola la irretroactividad penal?
Ese fue exactamente el debate. La mayoría sostuvo que no, porque la imprescriptibilidad ya era derecho vigente al momento de los hechos como norma imperativa de la costumbre internacional. Las disidencias de Belluscio, Fayt y Vázquez consideraron que sí: que el principio de legalidad exige ley escrita previa y que la costumbre no puede fundar la punibilidad.
¿Qué relación tiene este fallo con «Simón» y «Mazzeo»?
Es el primer eslabón de la línea jurisprudencial que hizo posibles los juicios de lesa humanidad: «Arancibia Clavel» estableció que estos crímenes no prescriben (2004), «Simón» anuló las leyes de punto final y obediencia debida (2005) y «Mazzeo» invalidó los indultos (2007).
Texto completo del fallo Arancibia Clavel
Buenos Aires, 24 de agosto de 2004.
Vistos los autos: "Recurso de hecho deducido por el Estado y el Gobierno de Chile en la causa Arancibia Clavel, Enrique Lautaro s/ homicidio calificado y asociación ilícita y otros Ccausa n° 259 C", para decidir sobre su procedencia.
Considerando:
1°) Que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6 condenó a Enrique Lautaro Arancibia Clavel a la pena de reclusión perpetua, como autor del delito previsto en el art.
210 bis, incs. a, b, d, f y h, del Código Penal (asoci ación ilícita agravada, versión ley 23.077) en concurso real con el de participación necesaria en el homicidio agravado por el uso de explosivos y con el concurso premeditado de dos o más personas de Carlos José Santiago Prats y Sofía Esther Cuth bert Chia rleoni (art. 80, incs. 2 ° y 4 ° del Código Penal, según ley 20.642).
2°) Que a raíz del recurso interpuestopor la de fensa la Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal casó parcialmente el fallo mencionado, en cuanto había condenado por asociación ilícita agravada y declaró extinguida la ac ción penal por prescripción respecto del delito de asociación ilícita simple, sobreseyendo a Arancibia Clavel por este hecho.
Contra dicha decisión, la querella Cen representación del gobierno de Chile C interpuso el recurso extraordinario, cuya denegación originó la presente queja.
3°) Que en lo que aquí interesa la sentencia del tribunal oral tuvo por acreditado que Enrique Lautaro Arancibia Clavel tomó parte a partir de marzo de 1974 y hasta el 24 de noviembre de 1978 de una asociación ilícita (la Dirección de Inteligencia Nacional CDINA exterior C, dependiente del gobierno de facto de Chile), que contaba con al menos 10 miembros, y cuya actividad consistía en la persecución de opositores políticos al régimen de Pinochet exiliados en Argentina. Esto incluía secuestros, sometimiento a interrogatorios bajo tormentos, sustracción de sus identificaciones para su reutilización previa falsificación, etc. Dentro de la organización, Arancibia Clavel, tenía por función formar en Buenos Aires una red paralela de informantes que aportaran dat os sobre los perseguidos. Asimismo, estuvo presente duran te el allanamiento y la aplicación de torturas a la ciudadana chilena Laura Elgueta, fueron encontrados en su poder documentos de identidad utilizados para dificultar la identificación de los ases inados, utilizaba identidades falsas y ocultaba sus actividades de inteligencia aparentando ser empleado del Banco de Estado de Chile.
4°) Que al calificar la conducta de Arancibia Cla vel de haber tomado parte en la asociación precedentemente descripta, el tribunal oral consideró, de conformidad con la posición postulada por el querellante, que resultaba aplica ble al caso el tipo previst o en el art. 210 bis, Código Pe nal, en su redacción actual, que reprime más gravemente las asociaciones ilícitas que reúnan al menos dos características particulares (diez o más miembros, organización militar, disposición de armas de guerra o explosivos, uno o más miembros oficiales o suboficiales de las fuerzas armadas o de seguridad, apoyo de funcionarios públicos), cuando la acción contribuya a poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional. Como fundamento para aplicar el texto actual, tuv o en cuenta que en los delitos permanentes (como la asociación ilícita) la ley aplicable al momento de comisión es la de vigencia al momento del cese de la conducta delictiva; en el caso, el art. 210 bis vigente en 1978 preveía un tipo penal más gravoso (v ersión 21.338): "Se impondrá reclusión o pri sión
de cinco a doce años, si la asociación dispusiere de armas de fuego o utilizare uniformes o distintivos o tuviere una organización de tipo militar. La pena será de reclusión o prisión de cinco a quince años , si la asociación dispusiera de armas de guerra y tuviere una organización de tipo mili tar.
Los cabecillas, jefes, organizadores o instructores se rán reprimidos de ocho a veinticinco años de reclusión o pri sión.
La misma pena se impondrá si la asociaci ón estuviere organizada total o parcialmente con el sistema de células", que, por aplicación de la ley más benigna (art. 2, Código Penal) quedaba desplazado por el actual art. 210 bis.
5°) Que, en contra de ello, la Cámara de Casación afirmó que la conducta atribuida a Arancibia Clavel, por sus características, y con seguridad, al menos entre 1976 y 1978, "jamás pudo contribuir a poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional", en el sentido de poder contribuir efectivamente a afectar el sistema republicano y democrático, y concluyó que, por lo tanto, no resultaba aplicable el tipo penal del art. 210 bis, versión ley 23.077. Por su parte, el tipo penal en que sí podría haber resu ltado subsumible (art.
210 bis, versión ley 21.338) ya no se encontraba vigente, con lo cual sólo podía entrar en consideración el tipo básico del art. 210, por ser "la única disposición penal que define el comportamiento tanto al tiempo de iniciarse la ej ecución del hecho como en el intermedio y en el del juzgamiento". Respec to de dicho delito, sin embargo, resolvió que la acción penal se encontraba prescripta, por cuanto desde la fecha en que Arancibia dejó de cometer el delito (la de su detención, el 24 de noviembre de 1978) hasta la de su llamado a prestar declaración indagatoria (15 de mayo de 1989) transcurrieron más de diez años (arg. arts. 59, inc. 3 °, 62, inc. 2 °, 63, 67 párr. 4 y 210 del Código Penal).
6°) Que con relación a este último punto el a quo rechazó la posición de los querellantes con respecto a la imprescriptibilidad de los hechos imputados a Arancibia Clavel, por tratarse delitos de les a humanidad, sobre la base de que en la sentencia no quedaban comprendidos los delitos que pudieren haber cometido los miembros de la banda, sino únicamente el haber integrado una asociación ilícita. Dicha conducta Cafirmó C de ningún modo se ha demostrad o que pueda encajar dentro de los "crímenes de lesa humanidad" que definió como "...los asesinatos, exterminación, sometimiento a esclavitud, deportación y otros actos inhumanos cometidos contra cualquier población civil o durante la guerra, o persecucio nes por motivos políticos, raciales o religiosos, en ejecu ción o conexión con cualquier crimen de jurisdicción del Tri bunal, sean o no una violación de la legislación interna del país donde hubieran sido perpetrados...". En su opinión, sólo se cuenta ha sta el momento con definiciones inseguras, y "ha brá de verse si acaso permitan superar la aludida inseguridad las definiciones que acuña el estatuto de la Corte Penal Internacional...".
7°) Que la querella fundó sus agravios ante esta Corte en el exceso de jurisdicción en que habría incurrido la cámara al resolver la inaplicabilidad del art. 210 bis a la conducta del imputado, cuando la cuestión no había sido expresamente planteada por la defensa, y cuestionó por arbitraria la interpretación que el a quo realizara de dicha norma y de la garantía de la ley penal más benigna.
8°) Que tanto la cuestión relativa a la forma de introducción del planteo de la defensa, así como la atinente a la s ubsunción de la conducta imputada a Arancibia Clavel en el tipo penal previsto actualmente en el art. 210 bis del Código Penal de la Nación, remiten al examen de cuestiones de derecho procesal y común, ajenos a la vía del art. 14 de la ley 48.
Por otra par te, y en cuanto al planteo de la arbitra ria interpretación de la ley penal efectuada por el a quo , cabe destacar que tal arbitrariedad no se vislumbra en la sentencia impugnada, toda vez que la Cámara de Casación efec tuó un análisis correcto de las exige ncias del tipo penal aplicable, y por demás fundado, con lo que el agravio del recurrente, en este sentido, sólo se limita a fundar su dis crepancia con el criterio adoptado.
9°) Que si bien el agravio relativo a la imprescriptibilidad de las conductas i mputadas a Arancibia Clavel, por su calidad de crímenes de lesa humanidad, fue introducido por la querella ante la Cámara de Casación y no fue mantenido explícitamente en esta instancia, corresponde que sea tratado por la Corte toda vez que la prescripción de la acción penal constituye una cuestión de orden público y la omisión de su consideración puede comprometer la responsabilidad del Estado argentino frente al orden jurídico interamericano. Asimismo, cabe señalar que como la sentencia impugnada ha trata do este tema que configura una cuestión federal, resulta inoficioso todo examen respecto de la forma y oportunidad de su introducción y mantenimiento en el proceso (Fallos: 306:1047).
10) Que la apreciación de la Cámara de Casación relativa a que la cond ucta de Arancibia Clavel de tomar parte en la asociación ilícita que integraba "de ningún modo se ha demostrado que pueda encajar dentro de los 'crímenes de lesa humanidad'" no puede compartirse. Se pretende dar sustento a tal afirmación en la circunstanci a de que el objeto de la sentencia apelada no incluye los delitos que pudieran haber cometido los miembros de la banda Cni siquiera el homicidio de Prats y su esposa, objeto de otro recurso C, sino tan solo la imputación por el art. 210, Código Penal, hecho que no estaría comprendido en ninguna de las definiciones de delitos de lesa humanidad que transcribe, y a las que califica, ade más, de "inseguras".
11) Que, estrictamente, y a partir de las propias definiciones utilizadas por el a quo correspondía calif icar a la conducta de Arancibia Clavel como un delito de lesa humanidad, pues la agrupación de la que formaba parte estaba destinada a perseguir a los opositores políticos de Pinochet, por medio de homicidios, desaparición forzada de personas y tormentos Csobre cuyo carácter no caben dudas C con la aquiescencia de funcionarios estatales. En efecto, de acuerdo con el texto del Estatuto de Roma que en la resolución apelada cita sólo en su art. 7, queda alcanzada toda forma posible de intervención en esta cl ase de hechos. Así, no sólo quedan incluidas las formas "tradicionales" de participación (art.
25, inc. 3, aps. a, b y c), sino que expresamente menciona el contribuir "de algún otro modo en la comisión o tentativa de comisión del crimen por un grupo de pe rsonas que tengan una finalidad común" (art. 25, inc. 3 °, ap. d), cuando dicha contribución es efectuada "con el propósito de llevar a cabo la actividad o propósito delictivo del grupo, cuando una u otro entrañe la comisión de un crimen de la competencia de la Corte" (ap. d, supuesto i).
12) Que, por otro l ado, si lo que estaba en discusión era la imprescriptibilidad de una asociación ilícita cuyo objeto era la comisión de tales crímenes, el instrumento normativo que debía regir la interpretación era la "Conven ción sobre la Imprescriptibilidad de los Críme nes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad" (conf. ley 24.584 y decre to 579/2003), que adquirió jerarquía constitucional por ley 25.778.
13) Que en este sentido no podría sostenerse que si los homicidios, la tortura y los tormentos, la desaparición forzada de personas, son delitos contra la humanidad, el for
mar parte de una asociación destinada a cometerlos no lo sea, pues constituiría un contrasentido tal afirmación, toda vez que este último sería un acto preparatorio punible de los otros.
Así, por ejemplo lo estatuyen los arts. 2, y 3 inc. b de la Convención para Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, que incluye dentro de los actos castigados la "asociación para cometer genocidio".
De igual forma, se ha dicho que "la desaparición fo rzada de personas constituye una violación múltiple y continuada de numerosos derechos reconocidos en la Convención y que los estados partes están obligados a respetar y garantizar", y ello sin perjuicio de la ley positiva del Estado que se trate, pues s i bien no existía al tiempo de los hechos "ningún texto convencional en vigencia, aplicable a los Estados Partes en la Convención, que emplee esta calificación, la doctrina y la práctica internacionales han calificado muchas veces las desapariciones como un delito contra la humanidad" (conf. Caso Velásquez Rodríguez, sentencia del 29 de julio de 1988 Serie C N° 4; luego reiterado en el caso Godinez Cruz, sentencia del 20 de enero de 1989, Serie C N° 5; y recientemente en el caso Blake, sentencia del 24 de enero de 1998, Serie C N° 36, de la Corte Interamericana de Derechos Huma nos.
Asimismo, conf. Preámbulo de la Convención Interamerica na sobre Desaparición Forzada de Personas).
Desde esta perspectiva, podría afirmarse que la ratificación en años recient es de la Convención Interamerica na sobre Desaparición Forzada de Personas por parte de nues tro país sólo ha significado, como ya se adelantara, la reafirmación por vía convencional del carácter de lesa humanidad postulado desde antes para esa práctica e statal, puesto que la evolución del derecho internacional a partir de la segunda guerra mundial permite afirmar que para la época de los he chos imputados el derecho internacional de los derechos huma nos condenaba ya la desaparición forzada de personas co mo crimen de lesa humanidad. Esto obedece a "que la expresión desaparición forzada de personas no es más que un nomen iuris para la violación sistemática de una multiplicidad de dere chos humanos, a cuya protección se había comprometido internacionalmente el Estado argentino desde el comienzo mismo del desarrollo de esos derechos en la comunidad internacional una vez finalizada la guerra (Carta de Naciones Unidas del 26 de junio de 1945, la Carta de Organización de los Estados Americanos del 30 de abril d e 1948, y la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre del 2 de mayo de 1948)" (dictamen del señor Procu rador General en la causa M.960.XXXVII " Massera, Emilio Eduardo s/ incidente de excarcelación", sentencia del 15 de abril de
2004).
Por otra parte el art. 7.1, inc. h, del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, considera como crimen de lesa humanidad la "Persecución de un grupo o col ectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos o de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte...".
Finalmente, luego de definir los crímenes imprescriptibles, el art. II de la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímene s de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad, dispone "Si se cometiere alguno de los crímenes mencionados en el artículo I, las disposiciones de la presen te
Convención se aplicarán a los representantes de la autori dad del Estado y a los particulares q ue participen como auto res o cómplices o que inciten directamente a la perpetración de alguno de esos crímenes, o que conspiren para cometerlos, cualquiera sea su grado de desarrollo, así como a los representantes de la autoridad del Estado que toleren s u perpetración".
14) Que del plexo normativo internacional transcripto se desprende que dentro de la clasificación de los crímenes contra la humanidad, también se incluye el formar parte de una organización destinada a cometerlos, con conocimiento de el lo.
15) Que Arancibia Clavel fue condenado por el deli to de asociación ilícita, toda vez que el tribunal de juicio dio por probado que el incuso formaba parte de un grupo des tinado a perseguir reprimir y exterminar sistemáticamente a opositores polític os del régimen dictatorial instaurado en la República de Chile, a partir de septiembre de 1973 (DINA exterior), que operaba dentro del territorio nacional, y abarcó la comisión de homicidios, desapariciones forzadas, tormen tos, falsificación de documento s, disposición de armas y explosivos, entre otros; asumiendo como función el encausado, al menos, el facilitar y apoyar los delitos del grupo por medio de la consolidación de una "red de informantes" y "con tactos" con funcionarios policiales y militares destinados a obtener datos sobre posibles perseguidos y, en su caso, a garantizar la impunidad de los autores materiales de crímenes de lesa humanidad.
16) Que los delitos como el genocidio, la tortura, la desaparición forzada de personas, el homicidio y cualquier otro tipo de actos dirigidos a perseguir y exterminar opositores políticos Centre los que debemos contar el formar parte de un grupo destinado a llevar adelante esta persecución C, pueden ser considerados crímenes contra la humanidad, porque aten tan contra el derecho de gentes tal como lo prescribe el art. 118 de la Constitución Nacional.
17) Que en consecuencia el formar parte de un grupo dedicado a perpetrar estos hechos, independientemente del rol funcional que se ocupe, también es un crimen co ntra la humanidad.
18) Que definida la asociación ilícita para perpetrar hechos considerados delitos de lesa humanidad, también pasa a ser un delito contra la humanidad, resta por verificar si la acción penal se encuentra prescripta o no.
19) Que el ins tituto de la prescripción de la ac ción penal, está estrechamente ligado al principio de legali dad, por lo tanto no sería susceptible de aplicación una ley ex post facto que alterase su operatividad, en perjuicio del imputado.
El rechazo de la retroactivi dad de disposiciones penales posteriores al hecho, las llamadas leyes ex post facto , que impliquen un empeoramiento de las condiciones de los encausados ha constituido doctrina invariable en la jurisprudencia tradicional de la Corte. En el caso "Mirás" ( Fallos:
287:76, y sus numerosas citas sobre el punto) se señaló expresamente que tal principio alcanza también a la prescrip ción de la acción penal. Se dijo en esa ocasión: "el institu to de la prescripción cabe sin duda alguna en el concepto de 'ley pen al', desde que ésta comprende no sólo el precepto, la sanción, la noción del delito y la culpabilidad, sino todo el complejo de las disposiciones ordenadoras del régimen de extinción de la pretensión punitiva".
20) Que el fundamento común del instituto de la prescripción, independientemente del objeto al que aluda Cde la acción o de la pena C, es la inutilidad de la pena en el
caso concreto, en los que el transcurso del tiempo entre el hecho y el juicio, o entre la condena y su ejecución, hace que la person a imputada no sea la misma, como así también que el hecho sometido a la jurisdicción pierda vigencia vivencial conflictiva, para pasar a ser un mero hecho histórico -anecdótico. En definitiva escapa a la vivencia de sus protagonistas y afectados.
21) Qu e la excepción a esta regla, está configurada para aquellos actos que constituyen crímenes contra la humanidad, ya que se tratan de supuestos que no han dejado de ser vivenciados por la sociedad entera dada la magnitud y la significación que los atañe. E llo hace que no sólo permanezcan vigentes para las sociedades nacionales sino también para la comunidad internacional misma.
En este sentido se ha dicho que "Tanto los 'críme nes contra la humanidad' como los tradicionalmente denomina dos 'crímenes de guer ra'" son delitos contra el "'derecho de gentes' que la comunidad mundial se ha comprometido a erradicar" (Fallos: 318:2148, voto de los jueces Nazareno y Moliné O'Connor).
22) Que en razón de que la aprobación de la "Convención sobre la Imprescriptibilid ad de los Crímenes de Gue rra y de los Crímenes de Lesa Humanidad" y su incorporación con jerarquía constitucional (ley 25.778) se produjo con posterioridad a la comisión de los hechos de la causa correspon de examinar la cuestión relativa a si la regla q ue establece la imprescriptibilidad de la imputación por el delito de asociación ilícita se aplicaría al sub lite retroactivamente o si ello lesiona el principio nulla poena sine lege .
23) Que el fundamento de la imprescriptibilidad de las acciones emerge ante todo de que los crímenes contra la humanidad son generalmente practicados por las mismas agen cias de poder punitivo operando fuera del control del derecho penal, es decir, huyendo al control y a la contención jurídica. Las desapariciones forzadas d e personas en nuestro país las cometieron fuerzas de seguridad o fuerzas armadas operan do en función judicial; los peores crímenes nazis los cometió la Gestapo (Geheiminis Staatspolizei o policía secreta del Estado); la KGB estalinista era un cuerpo polic ial. No es muy razonable la pretensión de legitimar el poder genocida mediante un ejercicio limitado del mismo poder con supuesto efecto preventivo.
Por ello, no puede sostenerse razonablementeque sea menester garantizar la extinción de la acción penal por el paso del tiempo en crímenes de esta naturaleza.
24) Que el caso que nos ocupa no escapa a estas consideraciones ya que quedó demostrado que Arancibia Clavel formaba parte de una asociación denominada DINA exterior, que dependía directamente de la Di rección de Inteligencia Nacio nal del Estado chileno, y operaba en el territorio de la Re pública Argentina. Es decir, que pertenecía a una agencia ejecutiva que operaba al margen del control jurisdiccionaly del control del poder punitivo, no sólo dentro de las fronte ras del Estado chileno, sino también fuera de él.
25) Que la doctrina de la Corte señalada en el precedente "Mirás" (Fallos: 287:76), se mantuvo inalterada a lo largo del tiempo y continúa vigente para la interpretación del instituto de la prescripción de la acción penal para el derecho interno, pero fue modificada con respecto a la normativa internacional en el precedente "Priebke" (Fallos: 318:
2148), en el cual el gobierno italiano requirió la extradi ción de Erich Priebke para su juzga miento por hechos califi cables por tratados internacionales como "genocidio" y "crí menes de guerra", pero respecto de los cuales, desde la pers pectiva del derecho interno, la acción penal se encontraba prescripta. A
pesar de ello, esta Corte hizo lugar a la ex tradición, por entender que, conforme la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, no resulta ban aplicables las reglas de la prescripción de la acción penal previstas en el Código Penal.
26) Que el Preámbulo de la Conven ción sobre Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad señala que una de las razones del establecimiento de la regla de la imprescriptibilidad fue la "grave preocupación en la opinión pública mundial" suscitada por l a aplicación a los crímenes de guerra y de lesa humanidad de las normas de derecho interno relativas a la prescripción de los delitos ordinarios, "pues impide el enjuiciamiento y cas tigo de las personas responsables de esos crímenes". A ello se agrega el texto del art. IV, de conformidad con el cual los Estados Partes "se comprometen a adoptar, con arreglo a sus respectivos procedimientos constitucionales, las medidas legislativas o de otra índole que fueran necesarias para que la prescripción de la acción penal o de la pena, establecida por ley o de otro modo, no se aplique a los crímenes mencionados en los arts. I y II de la presente Convención y, en caso de que exista, sea abolida". Tales formulaciones, si bien no resultan categóricas con respecto a la retroactividad de la convención, indican la necesidad de un examen de la cuestión de la prescripción diferenciada, según se trate o no de un delito de lesa humanidad.
27) Que la convención citada, constituye la culminación de un largo proceso que comenzó en los primeros años de la década de 1960 cuando la prescripción amenazaba con convertirse en fuente de impunidad de los crímenes practica dos durante la segunda guerra mundial, puesto que se acerca ban los veinte años de la comisión de esos crímenes.
28) Que esta convención sólo afirma la imprescrip - tibilidad, lo que importa el reconocimiento de una norma ya vigente ( ius cogens ) en función del derecho internacional público de origen consuetudinario. De esta manera, no se fuerza la prohibición de irretroac tividad de la ley penal, sino que se reafirma un principio instalado por la costumbre internacional, que ya tenía vigencia al tiempo de comisión de los hechos.
29) Que en rigor no se trata propiamente de la vigencia retroactiva de la norma internacional convencional, toda vez que su carácter de norma consuetudinaria de derecho internacional anterior a la ratificación de la convención de 1968 era ius cogens , cuya función primordial "es proteger a los Estados de acuerdos concluidos en contra de algunos valores e intereses generales de la comunidad internacional de Estados en su conjunto, para asegurar el respeto de aquellas reglas generales de derecho cuya inobservancia puede afectar la esencia misma del sistema legal" (Fallos: 318:2148, voto de los jueces Nazareno y Moliné O'Connor).
Desde esta perspectiva, así como es posible afirmar que la costumbre internacional ya consideraba imprescripti bles los crímenes contra la humanidad con anterioridad a la convención, también esta costumbre era materia común del derecho internacional con anterioridad a la incorporación de la convención al derecho interno.
30) Que las cláusulas de los tratados modernos go zan de la presunción de su operatividad, "por ser, en su ma yoría, claras y completas para su directa aplicac ión por los Estados partes e individuos sin necesidad de una implementa ción directa"; y además, "la modalidad de aceptación expresa mediante adhesión o ratificación convencional no es exclusiva a los efectos de determinar la existencia del ius cogens . En la mayoría de los casos, se configura a partir de la acepta
ción en forma tácita de una práctica determinada" (Fallos:
318:2148, voto del juez Bossert).
31) Que al momento de los hechos, el Estado argentino ya había contribuido a la formación de la costu mbre internacional a favor de la imprescriptibilidad de los crímenes contra la humanidad (conf. Fallos: 318:2148, voto del juez Bossert, considerando 88 y siguientes).
32) Que de acuerdo con lo expuesto y en el marco de esta evolución del derecho internac ional de los derechos humanos, puede decirse que la Convención de Imprescriptibilidad de Crímenes de Guerra y Lesa Humanidad, ha representado únicamente la cristalización de principios ya vigentes para nuestro Estado Nacional como parte de la Comunidad I nternacional.
33) Que en consecuencia los hechos por los cuales se condenó a Arancibia Clavel, ya eran imprescriptibles para el derecho internacional al momento de cometerse, con lo cual no se da una aplicación retroactiva de la convención, sino que ésta ya era la regla por costumbre internacional vigente desde la década del '60, a la cual adhería el Estado argenti no.
34) Que comprendido entonces que para la época en que fueron ejecutados los hechos investigados eran considerados crímenes contra la huma nidad por el derecho internacional de los derechos humanos vinculante para el Estado argentino, de ello se deriva como lógica consecuencia la inexorabilidad de su juzgamiento y su consiguiente imprescriptibilidad, como fuera expresado en el precedente publ icado en Fallos: 318:
2148.
35) Que este criterio ha sido sostenido por la Cor te Interamericana de Derechos Humanos, al manifestar "Esta Corte considera que son inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el estableci miento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impe dir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos tales como la tor tura, las ejecuciones sumarias, extralegales o arbitrarias y las desaparicion es forzadas, todas ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos...las mencionadas leyes carecen de efectos jurídicos y no pueden seguir representando un obstáculo para la investiga ción de los hechos que constituyen este caso ni para la identificación y el castigo de los responsables, ni puedan tener igual o similar impacto respec to de otros casos de violación de los derechos consagrados en la Convención Americana acontecidos en el Perú..." (conf. CIDH, caso "Barrios Altos", sentencia del 14 de marzo de 2001, serie C N° 75).
36) Que en virtud del precedente mencionado, toman do en cuenta que el Estado argentino ha asumido frente al orden jurídico interamericano no sólo un deber de respeto a los derechos humanos, sino también un deber de garantía: "en principio, es impu table al Estado toda violación a los derechos reconocidos por la Convención, cumplida por un acto del poder público o de personas que actúan prevalidas de poderes que ostentan por su carácter oficial. No obstante, no se agotan allí las situaciones en las cuales un Estado está obliga do a prevenir, investigar y sancionar las violaciones a los derechos humanos, ni los supuestos en que su responsabilidad puede verse comprometida por efecto de una lesión a esos derechos. En efecto, un hecho ilícito violatori o de los dere chos humanos que inicialmente no resulte imputable directa mente a un Estado, por ejemplo, por ser obra de un particular o por no haberse identificado al autor de la trasgresión, puede acarrear la responsabilidad internacional del Estado, no por ese hecho en sí mismo, sino por falta de la debida diligencia
para prevenir la violación o para tratarla en los términos requeridos por la Convención" (CIDH, caso "Velázquez Rodríguez", sentencia del 29 de julio de 1988, considerando 172, serie C N° 4).
A partir de dicho fallo quedó claramente estableci do el deber del Estado de estructurar el aparato gubernamen tal, en todas sus estructuras del ejercicio del poder públi co, de tal manera que sus instituciones sean capaces de ase gurar la vigencia de los derechos humanos, lo cual incluye el deber de prevenir, investigar y sancionar toda violación de los derechos reconocidos por la convención. Desde este punto de vista, la aplicación de las disposiciones de derecho in terno sobre prescripción constit uye una violación del deber del Estado de perseguir y sancionar, y consecuentemente, compromete su responsabilidad internacional (conf. CIDH, caso "Barrios Altos", sentencia del 14 de marzo de 2001, considerando 41, serie C N° 75; caso "Trujillo Oroza vs. Bolivia" - Reparaciones, sentencia del 27 de febrero de 2002, considerando 106, serie C N° 92; caso "Benavides Cevallos" - cumplimiento de sentencia, resolución del 9 de septiembre de 2003, considerandos 6 ° y 7 °).
37) Que e n virtud de las consideraciones realizadas corresponde declarar que el hecho que diera lugar a la conde na de Arancibia Clavel por el delito de asociación ilícita, reviste la calidad de crimen contra la humanidad y, por lo tanto, resulta imprescriptible.
38) Que, en tales condiciones, a pesar de haber transcurrido el plazo previsto por el art. 62 inc. 2 ° en función del art. 210 del Código Penal corresponde declarar que la acción penal no se ha extinguido respecto de Enrique Lau taro Arancibia Clavel, por cuanto las reglas de prescripción de la acción penal previstas en el ordenamiento jurídico in terno quedan desplazadas por el derecho internacional consue - tudinario y por la "Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humani dad" (leyes 24.584 y 25.778).
Por ello, oído el señor Procurador General, se hace lu gar a la queja, se declara procedente el recurso extraordina rio y se deja sin efecto la sentencia apelada. Agréguese la queja al principal. Vuelvan los autos al tribunal de origen a fin de que por quien corresponda, se dicte nuevo pronuncia miento con arreglo al presente. Hágase saber y remítase. EN RIQUE SANTIAGO PETRACCHI (según su voto) - AUGUSTO CESAR BE LLUSCIO (en disidencia) - CARLOS S. FAYT (en disidencia) - AN TONIO BOGGIANO (según su voto) - ADOLFO ROBERTO VAZQUEZ (en disidencia) - JUAN CARLOS MAQU EDA (según su voto) - E. RAUL ZAFFARONI - ELENA I.
HIGHTON de NOLASCO.
TO DEL SEÑOR PRESIDENTE DOCTOR DON ENRIQUE SANTIAGO PETRACCHI
Considerando:
1°) Que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal n° 6 condenó a Enrique Lautaro Arancibia Clavel a la pena de reclusión perpetua, como autor del delito previsto en el art.
210 bis, incs. a, b, d, f y h, del Código Penal (asociación ilícita agravada, versión ley 23.077) en concurso real con participación necesaria en el homicidio agravado por el uso de explosivos y con el concurso premeditado de dos o más per sonas de Carlos José Santiago Prats y Sofía Esther Cuthbert Chiarleoni (art. 80, incs. 2 ° y 4 ° del Cód igo Penal, según ley 20.642).
2°) Que a raíz del recurso interpuestopor la de fensa la Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal casó parcialmente el fallo mencionado, en cuanto había condenado por asociación ilícita agravada y declaró extinguida la ac ción penal por prescripción respecto del delito de asociación ilícita simple y sobreseyó en la causa y respecto de Aranci bia Clavel.
Contra dicha decisión, la querella Cen representación del gobierno de Chile C interpuso el recurso extraordinario, cuy a denegación originó la presente queja.
3°) Que en lo que aquí interesa la sentencia del tribunal oral tuvo por acreditado que Enrique Lautaro Arancibia Clavel tomó parte a partir de marzo de 1974 y hasta el 24 de noviembre de 1978 de una asociación ilícita (la Dirección de Inteligencia Nacional CDINA exterior C, dependiente del gobierno de facto chileno), que contaba con al menos 10 miembros, y cuya actividad consistía en la persecución de opositores políticos al régimen de Pinochet exiliados en Argenti na.
Esto incluía secuestros, sometimiento a interrogatorios bajo tormentos, sustracción de sus identificaciones para su reutilización previa falsificación, etc. Dentro de la organización, Arancibia Clavel tenía por función formar en Buenos Aires una red paralela de informantes que aportaran dato s sobre los perseguidos. Asimismo, estuvo presente durante el allanamiento y la aplicación de torturas a la ciudadana chilena Laura Elgueta, fueron encontrados en su poder documentos de identidad utilizados para dificultar la identificación de los asesina dos, utilizaba identidades falsas y ocultaba sus actividades de inteligencia aparentando ser empleado del Ban co de Estado de Chile.
4°) Que al calificar la conducta de Arancibia Cla vel de haber tomado parte en la asociación precedentemente descripta el tribunal oral consideró, de conformidad con la posición postulada por el querellante, que resultaba aplica ble al caso el tipo previsto en el art. 210 bis, Código Pe nal, en su redacción actual, que reprime más gravemente las asociaciones ilícitas que reúnan al menos dos características particulares (i.a. diez o más miembros, organización militar, disposición de armas de guerra o explosiv os, uno o más miembros oficiales o suboficiales de las fuerzas armadas o de seguridad, apoyo de funcionarios públicos), cuando la acción contribuya a poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional. Como fundamento para aplicar el texto actual, t uvo en cuenta que en los delitos permanentes (como la asociación ilícita) la ley aplicable al momento de comisión es la vigen te al momento del cese de la conducta delictiva; en el caso, el art. 210 bis vigente en 1978 preveía un tipo penal más gravoso (ve rsión ley 21.338: " Se impondrá reclusión o prisión de cinco a doce años, si la asociación dispusiere de armas de fuego o utilizare uniformes o distintivos o tuviere una orga nización de tipo militar. La pena será de reclusión o prisión de cinco a quince añ os, si la asociación dispusiera de armas de guerra y tuviere una organización de tipo militar. Los cabecillas, jefes, organizadores o instructores serán repri midos de ocho a veinticinco años de reclusión o prisión. La misma pena se impondrá si la asociaci ón estuviere organizada total o parcialmente con el sistema de células "), que, por aplicación de la ley más benigna (art. 2, Código Penal) que daba desplazado por el actual art. 210 bis.
5°) Que, en contra de ello, la cámara de casación afirmó que la conducta atribuida a Arancibia Clavel, por sus características, y con seguridad, al menos entre 1976 y 1978, "jamás pudo contribuir 'a poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional' ", en el sentido de poder contribuir efectivamente a afectar el sistema republicano y democrático, y concluyó que, por lo tanto, no resultaba aplicable el tipo penal del art. 210 bis, versión ley 23.077. Por su parte, el tipo penal en que sí podría haber r esultado subsumible (art.
210 bis, versión ley 21.338) ya no se encontraba vigente, con lo cual sólo podía entrar en consideración el tipo básico del art. 210, por ser "la única disposición penal que define el comportamiento tanto al tiempo de iniciarse l a ejecución del hecho como en el intermedio y en el del juzgamiento". Respecto de dicho delito, sin embargo, resolvió que la acción penal se encontraba prescripta, por cuanto desde la fecha en que Arancibia dejó de cometer el delito (la de su detención, el 24 de noviembre de 1978) hasta la de su llamado a prestar declaración indagatoria (15 de mayo de 1989) transcurrieron más de diez años (arg. arts. 59, inc. 3 °, 62, inc. 2 °, 63, 67 párr. 4 y 210 del Código Penal).
6°) Que con relación a este último punto el a quo
rechazó la posición de los querellantes con respecto a la imprescriptibilidad de los hechos imputados a Arancibia Clavel, por tratarse de delitos de lesa humanidad, sobre la base de que en la sentencia no quedaban comprendidos los delitos que pudieren haber cometido los miembros de la banda, sino únicamente el haber integrado una asociación ilícita. Dicha conducta Cafirmó C de ningún modo se ha demostr ado que pueda encajar dentro de los "crímenes de lesa humanidad" que defi nió como "...los asesinatos, exterminación, sometimiento a esclavitud, deportación y otros actos inhumanos cometidos contra cualquier población civil o durante la guerra, o persecuc iones por motivos políticos, raciales o religiosos, en ejecución o conexión con cualquier crimen de jurisdicción del Tribunal, sean o no una violación de la legislación interna del país donde hubieran sido perpetrados...". En su opinión, sólo se cuenta has ta el momento con definiciones inseguras, y "habrá de verse si acaso permitan superar la aludida inseguridad las definiciones que acuña el estatuto de la Corte Pe nal Internacional...".
7°) Que la querella fundó sus agravios ante esta Corte en el exceso de jurisdicción en que habría incurrido la cámara al resolver la inaplicabilidad del art. 210 bis a la conducta del imputado, cuando la cuestión no había sido expresamente planteada por la defensa, y cuestionó por arbitraria la interpretación que el a quo realizara de dicha norma y de la garantía de la ley penal más benigna.
8°) Que tanto la cuestión relativa a la forma de introducción del planteo de la defensa así como la atinente a la s ubsunción de la conducta imputada a Arancibia Clavel en el tipo penal previsto actualmente por el art. 210 bis del Código Penal remiten al examen de cuestiones de derecho pro cesal y común ajenas a la vía del art. 14 de la ley 48.
9°) Que a pesar de lo ind icado en el considerandoque antecede el recurso extraordinario resulta procedente, en la medida en que se encuentra en cuestión la inteligencia y aplicación de la "Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Les a Humanidad".
10) Que el agravio relativo a la imprescriptibili dad de las conductas imputadas a Arancibia Clavel por su ca lidad de crímenes de lesa humanidad fue introducido por la querella ante la Cámara de Casación, y aun cuando no fue man tenido explí citamente en esta instancia, corresponde su tra tamiento ante esta Corte, por cuanto la prescripción de la acción penal constituye una cuestión de orden público, y la omisión de su consideración puede comprometer la responsabi lidad del Estado argentino fr ente al orden jurídico interame ricano.
11) Que la apreciación de la Cámara de Casación relativa a que la conducta de Arancibia Clavel de tomar parte en la asociación ilícita que integraba "de ningún modo se ha demostrado que pueda encajar dentro de los ' crímenes de lesa humanidad'" resulta insostenible. Se pretende dar sustento a tal afirmación en la circunstancia de que el objeto de la sentencia apelada no incluye los delitos que pudieran haber cometido los miembros de la banda Cni siquiera el homicidio de Prats y su esposa, objeto de otro recurso C, sino tan sólo la imputación por el art. 210, Código Penal, hecho que no estaría comprendido en ninguna de las definiciones de delitos de lesa humanidad que transcribe, y a las que califica, ade más, de "insegu ras".
12) Que, estrictamente, ya a partir de las propias definiciones utilizadas por el a quo correspondía calificar a la conducta de Arancibia Clavel como un delito de lesa humanidad, en tanto la agrupación de la que formaba parte estaba destinada a pers eguir a los opositores políticos de Pinochet,
por medio de homicidios, desaparición forzada de personas y tormentos Csobre cuyo carácter no caben dudas C con la aquiescencia de funcionarios estatales. En efecto, de acuerdo con el texto del Estatuto de Roma que en la resolución apelada cita sólo en su art. 7, queda alcanzada toda forma posible de intervención en esta clase de hechos. Así, no sólo quedan incluidas las formas "tradicionales" de participación (art.
25, inc. 3, ap. a, b y c), sino que expresamen te menciona el contribuir " de algún otro modo en la comisión o tentativa de comisión del crimen por un grupo de personas que tengan una finalidad común" (art. 25, inc. 3, ap. d), cuando dicha contribución es llevada a cabo "con el propósito de llevar a ca bo la actividad o [propósito] delictivo del grupo, cuando una u otra entrañe la comisión de un crimen de la competencia de la Corte" (ap. d, supuesto i).
13) Que, por otro lado, si lo que estaba en discusión era la imprescriptibilidad de una asociación i lícita cuyo objeto era la comisión de tales crímenes, el instrumento normativo que debía regir la interpretación era la "Conven ción sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad" (conf. ley 24.584 y decre to 57 9/2003), que adquirió jerarquía constitucional por ley 25.778.
14) Que, en este sentido, el instrumento internacional mencionado no sólo es aplicable a los autores y partícipes (sean cómplices o instigadores) de crímenes de lesa humanidad, sino que la pu nibilidad se anticipa ya a la preparación misma de tales delitos. Así, el art. II establece que la convención es aplicable a "los representantes de la autoridad del Estado y a los particulares que participen como autores, cómplices o que inciten directam ente a la perpetración de alguno de esos crímenes, o que conspiren para come - terlos , cualquiera que sea su grado de desarrollo, así como a los representantes de la autoridad del Estado que toleren su perpetración".
15) Que tal construcción se corresponde con la de la "conspiracy ", característica del derecho anglosajón, que constituye lo que se denomina "ofensas anticipadas", en las cuales la protección penal se adelanta a los estadios de preparación del delito, a fin de proceder en contra de aquellos que ya han manifestado suficientemente su disposición al delito, y al mismo tiempo, para actuar frente a "los peligros particulares y constantes que derivan de la actividad grupal" (Wayne R. La Fave/Austin W. Scott Jr., Criminal Law, 2a. ed., St. Paul, Minn ., 1986, pág. 525). Ella consiste, únicamente, en el acuerdo para tomar parte en cualquier acto ilegal (conf.
George P. Fletcher, Rethinking Criminal Law, Nueva York, 2000, pág. 218) y entre sus requisitos se mencionan la existencia de un acuerdo entre dos o más personas Cque es justamente en lo que consiste el delito C, y la finalidad de alcanzar un cierto objetivo, que, en la definición del common law implica la realización de una acción ilegal, o incluso, de una legal mediante la utilización de medios ile gales (La Fave/Scott, op. cit., pág. 525). La infracción, por lo demás, es independiente de aquellas que constituyen su objeto, por lo cual no colabora quien ayuda a cometer un delito sustanti vo, sino que es necesario ayudar en la conspiración misma, esto es, en la comisión del acto de acuerdo (La Fave/Scott, op. cit., pág.
534), de tal modo que alguien puede convertir se en conspirador si la asistencia que brinda es la de acer car a dos o más personas con la intención de que lleguen a un acuerdo para la comisión de un crimen.
16) Que aun cuando tal construcción sólo presente coincidencias parciales con la figura de la asociación ilíci ta
prevista en nuestra legislación (art. 210, Código Penal), ambas comparten el carácter de "delitos de preparación" 1, sus ceptibles de ser alcanzados por la consecuencia de la imprescriptibilidad. Así, la redacción de la convención es lo suficientemente amplia como para que quede abarcada por ella la conducta de quien presta su colaboración en forma permanente a una agrupac ión destinada a perseguir opositores políticos por los medios que utilizaba la DINA, asumiendo como función, al menos, el facilitar y apoyar los delitos del gru po por medio de la consolidación de una "red de informantes" y "contactos" con funcionarios po liciales y militares desti nados a obtener datos sobre los posibles perseguidos y, en su caso, a garantizar la impunidad de los autores materiales de crímenes de lesa humanidad.
17) Que en razón de que la aprobación de la "Convención sobre la imprescripti bilidad de los crímenes de gue rra y de los crímenes de lesa humanidad" y su incorporación con jerarquía constitucional (ley 25.778) se produjo con posterioridad a la comisión de los hechos de la causa correspon de 1Acerca del adelantamiento de la punibilidad a actos materialmente preparatorios que produce el tipo del art. 210, C.P., cf. Sebastián Soler, Derecho Penal Argentino, Buenos Aires, 1978, t. IV, p. 592; Ricardo C. Núñez, Tratado de Derecho Penal Córd oba, 1971, t. VI, p. 184 y Carlos Fontán Balestra, Tratado de Derecho Penal. Parte Especial, Buenos Aires, 1994, t. VI, p.
469. En la doctrina alemana, con relación al ' 129 del Código Penal alemán, de texto comparable en este aspecto, cf. Karl Lackner, St rafgesetzbuch, Munich, 1991, ' 129, n.m. 1 yAdolf Schönke/Horst Schröder/Theodor Lenckner, Strafgesetzbuch - Kommentar, 26a. ed., Munich, 2001, ' 129, n.m. 1. Asimismo, Heribert Ostendorf, "Entwicklungen in der Rechtsprechung zur *Bildung krimineller bzw. terroristischer Vereinigungen + '' 129, 129a StGB", en JA, 1980, pp.
499 y ss., con referencias a la jurisprudencia alemana sobre el tema. examinar la cuestión relativa a si la re gla que establece la imprescriptibilidad de la imputación por el delito de asociación ilícita puede ser aplicada al sub lite retroactivamente o si ello lesiona el principio nulla poena sine lege .
18) Que el Preámbulo de la convención citada señala que u na de las razones del establecimiento de la regla de la imprescriptibilidad fue "la grave preocupación en la opinión pública mundial" suscitada por la aplicación a los crímenes de guerra y de lesa humanidad de las normas de derecho inter no relativas a la prescripción de los delitos ordinarios, "pues impide el enjuiciamiento y castigo de las personas responsables de esos crímenes". A ello se agrega el texto del art. IV, de conformidad con el cual los Estados Partes "se comprometen a adoptar, con arreglo a sus respectivos procedimientos constitucionales, las medidas legislativas o de otra índole que fueran necesarias para que la prescripción de la acción penal o de la pena, establecida por ley o de otro mo do, no se aplique a los crímenes mencionados en los arts. I y II de la presente Convención y, en caso de que exista, sea abolida" (sin destacar en el original). Tales formulaciones, si bien no resultan categóricas con respecto a la retroactividad de la convención, indican la necesidad de un examen de la c uestión de la prescripción diferenciada, según se trate o no de un delito de lesa humanidad.
19) Que en la doctrina y jurisprudencia argentinas se ha entendido tradicionalmente que el principio de legali dad abarca a todos los presupuestos de la punibilida d y no sólo a la descripción de la conducta típica en sentido es tricto. En consecuencia, también los plazos de prescripción han de estar legalmente determinados con carácter previo, y no cabe prorrogarlos retroactivamente, tanto si antes del acto de prórr oga ha expirado el plazo como en el caso contra rio.
Dejando a un lado la discusión acerca de si el instituto de la prescripción de la acción tiene naturaleza eminentemen te procesal o material, lo decisivo es que el Estado, al prorrogar los plazos de pre scripción amplía su competencia para punir con posterioridad a la comisión de los hechos: "El comportamiento punible y la medida de la pena no se deben determinar bajo la impresión de hechos ocurridos, pero aún por juzgar, ni como medio contra autores ya conocidos, sino por anticipado y con validez general, mediante una ley determinada, dictada con anterioridad al hecho" (conf. Günther Jakobs, Derecho Penal. Parte general, Madrid, 1995, 4/9).
20) Que el rechazo de la retroactividad de disposiciones pen ales posteriores al hecho, las llamadas leyes "ex post facto", que impliquen un empeoramiento de las condicio nes de los encausados ha constituido doctrina invariable en la jurisprudencia tradicional de la Corte. En el caso "Mirás" (Fallos: 287:76, y sus n umerosas citas sobre el punto) se señaló expresamente que tal principio alcanza también a la prescripción de la acción penal. Se dijo en esa ocasión: "el instituto de la prescripción cabe sin duda alguna en el concepto de 'ley penal', desde que ésta compr ende no sólo el precepto, la sanción, la noción del delito y la culpabilidad, sino todo el complejo de las disposiciones ordenadoras del régimen de extinción de la pretensión punitiva".
21) Que esta doctrina se mantuvo inalterada a lo largo del tiempo y s ólo se modificó parcialmente al plantear se la cuestión desde la perspectiva del derecho internacio nal, en la extradición de "Erich Priebke" (Fallos: 318:2148), quien era requerido por Italia para su juzgamiento por hechos calificables por tratados intern acionales como "genocidio" y "crímenes de guerra", pero respecto de los cuales, desde la perspectiva del derecho interno, la acción penal se encontra ba prescripta. A pesar de ello, la mayoría de esta Corte hizo lugar a la extradición, por entender que, co nforme la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, no resultaban aplicables las reglas de la prescripción de la acción penal previstas en el Código Penal.
22) Que en mi disidencia en ese caso consideré que la criminalidad lato sensu que deriva de las calificacionesde "delitos de lesa humanidad" Cen general C del derecho de gentes no resulta suficiente para producir efectos como los que se pretendía, en la medida en que no exista una previsión de pena en sentido estricto, indepen diente de la subsunción en los tipos penales del derecho interno. Tal como lo expre sé, no es posible combinar ambas categorías e incorporar la imprescriptibilidad prevista en el derecho internacional a los tipos generales del código penal. Desde otro punt o de vista, y si bien en ese momento la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad aún no se encontraba debidamente incorpora da al orden jurídico interno también rechacé su posible aplicación re troactiva con efecto derogatorio del art. 62, Código Penal.
23) Que tal solución, sin embargo, a la luz de la evolución de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ya no puede ser mantenida frente al derecho internacional. Ello po r cuanto el Estado argentino ha asumido frente al orden jurídico interamericano no sólo un deber de respeto de los derechos humanos, sino también un deber de garantía: "en principio, es imputable al Estado toda viola ción a los derechos reconocidos por la Convención, cumplida por un acto del poder público o de personas que actúan preva lidas de poderes que ostentan por su carácter oficial. No obstante, no se agotan allí las situaciones en las cuales un Estado está
obligado a prevenir, investigar y sancionar las violaciones a los derechos humanos, ni los supuestos en que su responsabilidad puede verse comprometida por efecto de una lesión a esos derechos. En efecto, un hecho ilícito violato rio de los derechos humanos que inicialmente no resulte impu table di rectamente a un Estado, por ejemplo, por ser obra de un particular o por no haberse identificado al autor de la transgresión, puede acarrear la responsabilidad internacional del Estado, no por ese hecho en sí mismo, sino por la falta de la debida diligenci a para prevenir la violación o para tratarla en los términos requeridos por la Convención" (caso "Velázquez Rodríguez", sentencia del 29 de julio de 1988, considerando 172, serie C N° 4). A partir de dicho fallo que dó claramente establecido el deber del E stado de estructurar el aparato gubernamental, en todas sus estructuras del ejer cicio del poder público, de tal manera que sean capaces de asegurar la vigencia de los derechos humanos, lo cual incluye el deber de prevenir, investigar y sancionar toda viol ación de los derechos reconocidos por la convención. Desde este punto de vista, la aplicación de las disposiciones de derecho interno sobre prescripción constituye una violación del deber del Estado de perseguir y sancionar, y consecuentemente, compromete su responsabilidad internacional (conf. caso "Barrios Altos", sentencia del 14 de marzo de 2001, considerando 41, serie C N° 75; caso "Trujillo Oroza vs. Bolivia" - Reparaciones, sentencia del 27 de febrero de 2002, considerando 106, serie C N° 92; caso "Benavides Cevallos" - cumplimiento de sentencia, resolución del 9 de septiembre de 2003, considerandos 6 ° y 7 °).
24) Que, en tales condiciones, a pesar de haber transcurrido el plazo previsto por el art. 62 inc. 2 ° en fun - ción del art. 210 del Código Pen al corresponde declarar que la acción penal no se ha extinguido respecto de Enrique Lau taro Arancibia Clavel, por cuanto las reglas de prescripción de la acción penal previstas en el ordenamiento jurídico in terno quedan desplazadas por la "Convención sob re la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad" (leyes 24.584 y 25.778).
Por ello, habiendo dictaminado el señor Procurador General, se hace lugar a la queja, se declara procedente el recurso extraordinario y se deja sin efecto la sentencia apelada. Agréguese la queja al principal. Vuelvan los autos al tribunal de origen a fin de que por quien corresponda, se
dicte nuevo pronunciamiento con arreglo al presente.
Hágase saber y remítase. ENRIQUE SANTIAGO PETRACCHI.
TO DEL SEÑOR MINISTRO DOCTOR DON ANTONIO BOGGIANO Sumario: Sentencia de la cámara. Fundamentos de la sentencia de la cámara. Agravios. Cuestiones de Derecho procesal y común. Imprescriptibilidad. Gravedad institucional. Desarrollo del derecho internacional y la Constitución Nacional. La Carta de las Naciones Unidas y los Derechos Humanos. Referencia. No incorporación, recepción ni adaptación. Tratados de derechos humanos y Constitución Nacional.
Juicio constituyente. Con diciones de vigencia de los tratados y bloque de constitucionalidad. Jurisdicción interna y Derechos Humanos. Juicio de compatibilidad entre constitución y tratados. Incorporación de normas internacionales al derecho interno. Práctica constitucional del art. 27. Interpretación del los tratados sobre derechos humanos. La Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad. Arbitrarie dad de la sentencia de cámara. La conducta enrostrada y su tipifica ción como crimen de lesa humanidad. Terrorismo. Barbarie o vandalis mo.
Asociación ilícita para cometer delitos del ius gentium . No hay conflicto de leyes en el tiempo. Imprescriptibilidad y retroactividad. Derecho interno como hecho ante el derecho internacion al. El caso Priebke . Derecho Internacional Consuetudinario y Derecho Inter no Argentino. Responsabilidad del Estado por violación del ius co gens .
Actualidad del orden público. Crímenes de lesa humanidad y retroactividad. Distintas hipótesis de prescriptib ilidad e imprescriptibilidad. Derecho de gentes.
Considerando:
1°) Que la Cámara Nacional de Casación Penal, por su Sala I, casó parcialmente el fallo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal n° 6 en cuanto había condenado a Enrique Lautaro Arancibia Clavel como autor del delito de asociación ilícita agravada. Declaró extinguida la acción penal por prescripción respecto del delito de asociación ilícita simple. Contra dicho pronunciamiento la querella interpuso el recurso extraordinario cuya denegación origina la presente queja.
2°) Que la Cámara juzgó que la conducta atribuida a Arancibia Clavel no es subsumible en el art. 210 bis del Código Penal, en la versión de la ley 23.077 ni en la de la 21.338. Lo primero, por que Sentencia de la cámara Fundamentos de la sentencia de la cámar a
no se advertía que se hubiera puesto en riesgo la vigencia d e la Constitución Nacional; lo segundo porque la norma no estaba vigente. Juzgó además que, si bien podía considerarse aplicable el tipo básico previsto por el art. 210 del Código Penal, la acción estaba prescripta por cuanto desde la fecha en que el enca rtado dejó de cometer el delito hasta la de su llamado a prestar declaración inda gatoria transcurrieron más de diez años (arg. arts. 59, inc.
3; 62, inc. 2; 63; 67 párr. 4 y 210 del Código Penal). Y finalmente consideró que el hecho imputado no encuadraba en las definiciones del Es tatuto de Tribunal Militar Internacional de Nurem berg y la Convención sobre Imprescriptibilidad de Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Huma nidad.
3°) Que los representantes de Chile, aquí querellantes, tach an de arbitraria la sentencia de la Cámara de Casación por entender que carecía de jurisdicción para revisar la inteligencia que el tribunal oral realizó del art. 210 bis del Código Penal. Cuestionaron, asimismo, la interpretaciónque realizó de dicha norm a y de la garantía de la ley penal más benigna. Sostuvieron que de haber aplicado aquella figura la acción no estaría pres cripta.
4°) Que tanto la cuestión relativa a la forma de introducción del planteo de la defensa así como lo atinente a la subsunción de la conducta imputada a Arancibia Clavel en el tipo penal previsto en el art. 210 bis del Código Penal, remiten al examen de cues tiones de derecho procesal y común ajenos a la vía del art. 14 de la ley 48, sin que se advierta un caso de arbitrariedad que justifique la intervención del Tribunal.
5°) Que si bien el agravio relativo a la imprescriptibilidad de las c onductas imputadas a Arancibia Clavel por su calidad de crímenes de lesa humanidad no fue mantenido en esta instancia es imprescindible juzgarlo ya que la prescripción de la acción penal es de orden público. Sobre todo porque la sentencia impugnada ha trat ado el punto que configura una cuestión federal y es inoficioso todo examen respecto de las formas y oportunidad de su introducción y mantenimiento en el proceso.
6°) Que la apelación extraordinaria viene preñada de una cuestión de tal magnitud que reviste el carácter de gravedad institucional por hallarse en tela de juicio la extinción de un proceso penal cuyo objeto versa sobre la investigación de un deli to de les a humanidad contrario al derecho interna cional. En tales circunstancias ceden todos los lí mites y restricciones procesales para el ejercicio de la jurisdicción de esta Corte que ha de velar por la responsabilidad internacional de la Nación. En caso de ta l gravedad y trascendencia internacional ningún ápice formal puede frustrar la más plena ju risdicción de esta Corte (art. 280 Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).
7°) Que el derecho internacional, como todo el derecho, está en movimiento y lo que era antes reconocido como derecho internacional consue tudinario viene ahora configurándose como derecho convencional de fijación y reconocimiento en una gran cantidad de in strumentos internacionales. Los crímenes de guerra y delitos contra la humanidad lesionan el derecho Imprescriptibilidad Gravedad institucional Desarrollo del derecho internacional y la Constitución Nacional
internacional y están regidos eminentemente por la Constitución Nacional, pues la Convención sobre la Imprescriptibilidad de Crímenes de Guerra y de los Cr ímenes de Lesa Humanidad de 1968, tiene jerarquía constitucional y debe tenerse, en cuanto a su jerarquía normativa, como la Consti tución misma.
8°) Que desde los albores de la interpretación de la Carta de las Naciones Unidas algunos estados sostuvieron que toda la materia de derechos humanos había salido del ámbito de la jurisdicción interna de los estados. Consideraban que los arts. 1 (3); 55, c y 56 de la Carta imponen obligaciones a los estados miembros. Tal posición fue confirmada por la Asamblea General en sus resoluciones sobre el Apartheid en Sudáfrica tras desestimar por abrumado ra mayoría la alegación de aquel país basada en el art.
2 (7 ) de la Carta. Parece hoy prevalecer la caracterización de la problemática sobre derechos humanos como asunto de interés para todos los esta dos y que la Carta los había previsto como materia de interés internacional.
La República Argentina al conferir je rarquía constitucional a los tratados internacionales sobre derechos humanos tal como lo hace el art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional presenta un fenómeno jurídico que puede considerarse como referencia al derecho internacional de los derechos hu manos (Monges Fallos: 319:3148).
Tal "referencia" significa en primer lugar que se remite a un tratado vigente internacionalmen te y del cual la Argentina es Estado Parte. Solo a un tratado vigente tant o internacionalmente como en la Argentina, el Congreso luego puede otorgarle je - rarquía constitucional. La referencia implica que el tratado se aplica tal como rige en el derecho internacional y no porque se haya incorporado haciéndolo interno. Tampoco se ha operado una recepción de los tratados por incorporación judicial a pesar de no estar vigentes para la Argentina como ha sido de práctica en Holanda. Tampoco hay adaptación de los tratados por vía de una redacción constitucional similar a la de los trat ados sin seguirlo tal cual rige internacionalmente. Tanto la incorporación, la recepción como la adaptación son métodos de nacionalización de los tratados. El art. 75 inc. 22 dispone una referencia y no alguno de los citados métodos de nacionalización. En materia de derechos humanos la reforma de 1994 ha seguido una orientación internacionalista a fin de alcanzar la mayor uniformidad posible en las decisiones evitando todo amorío con soluciones de genius loci particularista.
9°) Que en el citado precedente Monges esta Corte estableció que: "...el artículo 75, inc. 22, mediante el que se otorgó jerarquía constitucio nal a los tratados...establece, en su última parte, que aquéllos 'no derogan artículo al guno de la pri mera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos'". Ello indica que los constituyenteshan efectuado un juicio de comprobación, en virtud del cual han cotejado los tratados y los artículos constitucionales y han verificado que no se produce derogación alguna, juicio que no pueden los poderes constituidos desconocer o contradecir" (considerando Tratados de derechos humanos y Constitución Nacional
20). "Que de ello se desprende que la armonía o concordancia entre los tratados y l a Constitución es un juicio constituyente. En efecto, así lo han juzgado al hacer referencia a los tratados que fueron dota dos de jerarquía constitucional y, por consiguiente, no pueden ni han podido derogar la Constitución pues esto sería un contrasentid o insusceptible de ser atribuido al constituyente, cuya imprevisión no cabe presumir" (considerando 21). "Que, de tal modo, los tratados complementan las normas constitucionales sobre derechos y garantías, y lo mismo cabe predicar respecto de las disposici ones contenidas en la parte orgánica de la Constitución...aunqueel constituyen te no haya hecho expresa alusión a aquélla, pues no cabe sostener que las normas contenidas en los tra tados se hallen por encima de la segunda parte de la Constitución. Por el contrario, debe interpretarse que las cláusulas constitucionales y las de los tratados tienen la misma jerarquía, son complementarias y, por lo tanto, no pueden desplazarse o destruirse recíprocamente" (considerando 22).
10) Que est a doctrina Creafirmada en la causa "Petric" Fallos: 321:885, entre muchas otras C, resulta aplicable a los tratados sobre derechos humanos, como el que se halla en juego en la especie, que adquieren jerarquía constitucional con arreglo a lo dispuesto en el último párrafo del citado art. 75, inc. 22 de la Ley Fundamental.
En rigor, cuando el Congreso confiere jerarquía constitucional al tratado hace un juicio constituyente por autorización de la Constitución misma según el cual al elevar al tratado a la mis ma jerarquía que la Constitución estatuye que éste no sólo es arreglado a los principios de derecho públi co de la Constitución sino que no deroga norma algu na de la Constitución sino que la complementa. Tal juicio constituyente del Congreso Nacional no p uede ser revisado por esta Corte para declarar su invali dez sino sólo para hallar armonía y complemento en tre tales tratados y la Constitución. En último aná lisis tal juicio constituyente del Congreso no im plica ni puede introducir reforma alguna de la Cons titución pues el tratado no deroga norma alguna de la Constitución y solo complementa los derechos y garantías en ella declarados. Si tal armonía y concordancia debe constatarse, es obvio, con mayor ra zón que el tratado también se ajusta al art. 27 de la Constitución.
No se trata, por ende, de una estricta reforma constitucional, porque el tratado al que se le confiere jerarquía constitucional no modifica, altera o deroga la Constitución sino que la complementa y confirma con normas que si bien pu eden desarrollar o hacer explícitos los derechos y garantías constitucionales guardan siempre el espíritu de ta les derechos. Por analogía, el Congreso hace un jui cio constituyente de armonía de todos estos precep tos que no pueden entrar en colisión o t ener preemi nencia pues constituyen la Constitución misma. Y es la Constitución la que confiere poderes al Congreso para elevar el tratado a la jerarquía constitucio nal. Y no puede afirmarse que tal facultad (art. 75 inc. 22) quebranta la rigidez del art . 30 porque jamás podría razonablemente afirmarse que el art. 75 inc. 22 de la Constitución lesiona el art. 30. Por que no hay normas
constitucionales inconstituciona les. Las cláusulas de la Constitución no pueden in terpretarse en contradicción unas con otras, ni je rarquizando unas sobre las otras. Obviamente, cabe distinguir los distintos ámbitos de aplicación según las materias de las normas constitucionales.
Esta Corte no tiene jurisdicción para enervar la vigencia de normas que han sido jerarquizada s constitucionalmente en virtud de un procedimiento establecido en la misma Constitución.
Otra cosa sería si se declararainválida la reforma constitucional que faculta al Congreso a conferir aquella jerarquía a ciertos tratados. Empero, nadie en su sano juicio ha afirmado siquiera que tal facultad del Congreso conferida por la reforma de 1994 fuese inconstitucional.
No es necesario que sea el poder constituyente el que confiera directamente tal jerarquía constitucional a ciertos tratados sobre derechos humanos, si aquél ha asignado tal poder al Congreso con mayorías especiales. Es claro que éste no podría dotar de jerarquía constitucional a un tratado que lesione un principio constitucional. Es más, sería inconcebible que el poder constituyente no pudie se reformar el mismo art. 30 de la Constitución.
11) Que los "referidos tratados" no se han "incorporado" a la Constitución argentina convirtiéndose en derecho interno, sino que por v oluntad del constituyente tal remisión lo fue "en las condiciones de su vigencia" (art. 75, inc. 22). Mantienen toda la vigencia y vigor que internacionalmente tienen y éstas le provienen del ordenamiento internacional en modo tal que "la referencia" qu e hace la Constitución es a tales tratados tal como rigen en el derecho internacional y, por consiguiente, tal como son efectivamente interpretados y aplicados en aquel ordenamiento (causa " Giroldi " de Fallos: 318: 514, considerando 11). Ello implica tambi én, por conexidad lógica razonable, que deben ser aplicados en la Argentina tal como funcionan en el ordenamien to internacional incluyendo, en su caso, la jurisprudencia internacional relativa a esos tratados y las normas de derecho internacional consuet udinario reconocidas como complementarias por la práctica internacional pertinente. La referencia a los Tratados - Constitución incluye su efectiva vigencia en el derecho internacional como un todo sistemático (causa "Arce " de Fallos: 320:2145, consideran do 7 °). Los estados y entre ellos la Argentina han reducido grandemente el ámbito de su respectiva jurisdicción interna por vía de acuerdo con muchos tratados y declaraciones sobre derechos humanos y participando en la formación de un delineado cuerpo de derecho consuetudinario internacional sobre derechos humanos (ver Simma, Human Rights in the United Nations at Age Fifty , 1995, págs. 263 -280 y Simma y otros en The Charter of the United Nations a Commentary , 2da. Ed.
Vol. 1, pág. 161, nota 123). Además y concordantemente "los derechos básicos de la persona humana" son considerados de ius cogens , esto es, normas imperativas e inderogables de derecho internacional consuetudinario ( Barcelona Traction Lights and Power Company Ltd , ICJ Reports 1970, pág. 32, parágrafo
33).
12) Que no es posible sostener que el derecho interno argentino sobre derechos humanos resulte obsoleto, particularmente en lo que se relaciona con la manera de hacer eficaces o ejecutar tales dere chos en el orden interno, lo cual implica el funcionamiento de estructuras de gobierno y seguridad. Aun así, el derecho internacional puede tener una última palabra respecto de los resultados de la implementación de los derechos humanos. Cada vez se oyen más opiniones según las cuales los derechos humanos no pertenecen ya al exclusivo ámbito de la jurisdicción interna de los estados (ver I. Oesterdahl, Threat to the Peace , 1998, pág. 33). Los órganos de las Naciones Unidas han demandado a los gobiernos remedios a las violaciones de específicos derechos humanos. Aunque se ha alegado también en contra de una invocación "selectiva". Aun gobiernos y grupos de interés poderosos han sido denunciados por usar selectivamente los reclamos sobre derechos humanos c omo armas políticas adversariales ( Fortalecimiento de las actividades de las Naciones Unidas en la esfera de los derechos humanos, mediante el fomento de la cooperación internacional, e importancia de la no selectividad, imparcialidad y la objetividad , 6 A, Res. 46/129 , dic. 17, 1991). Con todo, no puede afirmarse como principio general que la no interferencia en cuestiones internas se extienda a la tutela de los derechos humanos (Simma y otros The Charter , citado en el considerando precedente, vol.
1, p ág. 162).
13) Que la Constitución y los tratados con jerarquía constitucional tienen la misma supremacía.
Es diáfano que ello es así, pues no cabe la posibilidad de declarar la inconstitucionalidad d e una norma de un tratado con jerarquía constitucional; en cambio, se debe declarar la inconstitucionalidad, en su caso, de un tratado que no ostente aquella jerarquía como ocurrió, antes de la reforma de 1994, en el caso "Washington Julio Efraín Cabrera" (Fallos:
305:2150).
Si los tratados con jerarquía constitucional tuviesen rango inferior a la Constitución debe ría declararse su inconstitucionalidad en caso de colisión. Pero tal colisión no puede suscitarse (Fallos: 319:3148). En la Constitución Nac ional no hay "normas constitucionales inconstitucionales" (verfassungswidrige Verfassungsnormen). La decisión constituyente fundamental del último párrafo del inc.
22 del art. 75 de la Constitución Nacional im pone a esta Corte y a los tribunales inferior es de la Nación y las provincias asegurar el más pleno alcance a los nuevos reconocimientosde derechos humanos contenidos en los tratados internacionales a los que se ha conferido jerarquía constitucional.
14) Que, en el señalado orden de ideas, cabe recordar que una norma consuetudinaria del derecho de gentes, prescribe que un Estado que ha ratificado un tratado de derechos humanos, debe introducir en su derecho interno las modificaciones necesarias para asegurar el fiel cumplimiento de las obligaciones asumidas (Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Cinco Pensionistas , sentencia del Juicio de compatibilidad entre Constitución y tratados Incorporación de normas internacionales al derech o interno
28 de febrero de 2003, parr. 164, serie C N° 98; Caso Cantos 28 de noviembre de 2002, parr. 59, serie C N° 97; Caso Hilaire, Constantine y Benjamín , sen tencia 21 de junio de 2002, parr. 111, serie C N° 94).
15) Que, según la cláusula constitucional acerca del contenido normativo de los tratados internacionales, el Po der Ejecutivo no puede firmar tratados contrarios a los principios de derecho público de la Constitución (art. 27 Constitución Nacional). Empero, en la vida constitucional argentina esta cláusula ha pasado por complejas vicisitudes.
Así, el 1 ° de octubre de 1856 la Confederación Argentina adhirió a la Declaración de París que prohibió el corso (República Argentina, Tratados, Convenciones, Protocolos, Actos y Acuerdos Internaciona les, t. III págs. 24 y sgtes. ). Sin embargo, la abo lición en el derecho internacional de las patentes de corso produjo, probablemente, una derogación tá cita del art. 67 inc. 22 y del art. 86 inc. 18 de la Constitución originaria de 1853 sobre las respecti vas facultades del Congreso y del presidente de la República.
Un año de spués, el 29 de abril de 1857 Alberdi mismo firmó un tratado con España que reconocía el principio del ius sanguinis para los hijos de españoles nacidos en el país (República Argenti na, op. cit. T. VIII págs. 50 y sgtes.).
El principio de la nacionalid ad argentina imperdible no tiene jerarquía constitucional y el derecho a cambiar de nacionalidad sí lo tiene (Convención Americana sobre Derechos Humanos, art. 20, inc. 3). Si tuviese aquella jerarquía debería com - plementarse con el derecho a renunciar a la nacionalidad argentina pues cambiar de nacionalidad significa tácitamente tomar una abandonando la otra. El principio de imperdibilidad de la nacionalidad argentina tiene un fin de protección de la persona para el caso de pérdida de una nacionalidad extran jera.
Bien es verdad que si se perdiera una naciona lidad extranjera después de haber renunciado a la nacionalidad argentina debería reconocerse el dere cho a recobrar ésta. Tras frustrarse la aprobación del tratado de 1856, el mismo Alberdi firmó u no nue vo el 9 de junio de 1859 (República Argentina, op. cit. , t.
VIII págs. 60 y sgtes.). Este tratado sí fue aprobado por el Congreso y el canje de los ins trumentos de ratificación fue el 27 de junio de 1860. El tratado remitía a la ley de la Confedera ción de 7 de octubre de 1857 que hacía excepción al principio del ius soli permitiendo a los hijos de españoles nacidos en la Argentina optar por la na cionalidad de sus padres.
Con la incorporación del Estado de Buenos Aires a la Confederación aquel tra tado con España fue sustituido por otro firmado el 21 de septiembre de 1863 (República Argentina, op. cit. , t. VIII pág. 71 y sgtes. y Ravignani, Asam bleas Constituyentes Argentinas , Buenos Aires 1937 t. IV pág. 875 y sgtes.; pág. 1050 y sgtes.).
En otro orden de asuntos la adecuación a los principios de derecho público constitucionales del acuerdo entre la Santa Sede y la República Argentina de 1966 puede estudiarse en Zavala Ortiz, Negociaciones para el Acuerdo entre la Santa Sede y la República Argent ina , Buenos Aires, 1966.
También se suscita la cuestión de la competencia de la Nación para celebrar tratados internacionales en materias que son de competencia exclusiva de las provincias según la Constitución. En la práctica constitucional el Estado federal, que conduce las relaciones exteriores de la Nación, tiene facultades para celebrar tratados aun en materias que la Constitución reserva a las provincias. Hay tratados por los cuales la Argentina ha cedido a un Estado extranjero fracciones de terr itorios provinciales sin el consentimiento de las provincias. Así, el tratado de límites con Bolivia del 9 de julio de 1925 sin el consentimiento de Salta y Jujuy. Después de la reforma de 1994 las provincias pueden celebrar tratados en materia de su comp etencia. Pero tales facultades provinciales no pueden juzgarse exclusi vas y concurren con la jurisdicción nacional para celebrar tratados internacionales aun en materias puramente locales.
Bien se advierte pues que no es dable adoptar una hermenéutica asa z dogmática del art. 27 de la Constitución Nacional con prescindencia de las valoraciones históricas que obligan a tomar en cuen ta los nuevos desarrollos del derecho internacional.
Aquella inteligencia dogmática y en cierto modo obsoleta de la supremacía soberana del derecho interno hubiese hecho imposible por cierto adherir a la Convención Americana sobre Derechos Humanos y a la jurisdicción de su Corte que se hicieron bien antes de la Reforma de 1994, por ley 23.054.
16) Que los tratados internacionales sobre derechos humanos deben ser interpretados conforme al derecho internacional, pues es éste su ordenamiento jurídico propio. Aquéllos están más estrechamente conexos con el derecho internacional y, por esa vía, con la interpretación y aplicación que pueda hacer de ellos la jurisprudencia internacional. De nada serviría la referencia a los tratados hecha por la Constitución si su aplicación se viera frustrada o modificada por interpretacionesbasadas en uno u otro derecho nacional. Por ejemplo si el principio de imprescriptibilidad(art. I de la Convención so bre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad) se viera supe ditado y por ende enervado, por el princi pio de le galidad del art. 18 de la Constitución Nacional. O si el derecho de réplica (art. 14, Convención Ameri cana sobre Derechos Humanos) se viera en la práctica derogado por el art. 14 de la Constitución Nacional.
Precisamente el fin universal de aque llos tratados sólo puede resguardarse por su interpretación conforme al derecho internacional, lo contrario sería someter el tratado a un fraccionamiento hermenéutico por las jurisprudencias nacionales incompatible con su fin propio.
17) Que para decidir sobre la prescripción invocada corresponde determinar si el delito que por el que se acusa a Arancibia Clavel encuadra en la Convención sobre la Imprescriptibilidad de l os Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad.
Al respecto, el art. I de ésta establece: "Los crímenes siguientes son imprescriptibles,cualquiera que sea la fecha en que se hayan cometido ...b) los crímenes de lesa humanidad cometidos tanto e n tiempo de guerra como en tiempo de paz, según la definición La Convención sobre l a Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y Lesa Humanidad
dada en el Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, de 8 de agosto de 1945, y confirmada por las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas 3 (I) de 13 de feb rero de 1946 y 95 (I) de 11 de diciembre de 1946, así como la expulsión por ataque armado u ocupación y los actos inhumanos debido a la política de 'apartheid' y el delito de genocidio definido en la Convención de 1948 para la prevención y la sanción del delito de genocidio aun si esos actos no constituyen una violación del derecho interno del país donde fueron cometidos". De acuerdo con el art. II "si se cometiere alguno de los crímenes mencionados en el artículo I las disposiciones de la presente Conv ención se aplicarán a los representantesde la autoridad del Estado y a los particulares que participen como autores o cómplices o que inciten directamente a la perpetración de alguno de esos crímenes, o que conspiren para cometerlos, cualquiera que sea s u grado de desarrollo, así como a los representantes de la autoridad del Estado que toleren su perpetración".
En razón de tal referencia normativa, corresponde examinar el Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg al cual remite la citada Convención. Según el art. 6 (c) del citado Estatuto, debe entenderse por crímenes de lesa humanidad los "asesinatos, exterminaciones, sometimiento a esclavitud, deportación, y otros actos inhumanos cometi dos contra cualquier población civil antes o dur ante la guerra, o persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos, en ejecución o conexión con cualquier crimen de jurisdicción del Tribunal sean o no una violación de la legislación interna del país donde hubieran sido perpetrados. Los jefes, o rganizadores, instigadores y cómplices participantes en la formulación o ejecución de un plan común o conspiración para cometer alguno de los antedichos delitos son responsables por todos los actos realizados por cualquier persona en ejecución de dicho plan".
18) Que respecto de la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad la Cámara Nacional de Casación Penal afirmó que "no debe perderse de vista que esta sentencia no comprende los delitos que pudieren haber cometido los miembros de la banda Cni siquiera el doble homicidio calificado por el que en la instancia anterior fue condenado el aquí acusado C sino la acción atribuida a este último de tomar parte en la asociación ilícita, adecuada al tipo básico d e nuestro derecho penal común, que de ningún modo se ha demostrado que pueda encajar den tro de los crímenes de lesa humanidad cometidos tan to en tiempo de guerra como en tiempo de paz, según la definición dada en el estatuto del Tribunal Mili tar Interna cional de Nuremberg, del 8 -VIII -1945 y confirmada por las resoluciones de la Asamblea Gene ral de las Naciones Unidas 3 (1) del 13 -II -1946 y 95 (1) del 2 -XII -1946" cuyo texto transcribió. Después de citar doctrina afirmó la imposibilidad de arribar a una d efinición segura en la materia y añadió que "Habrá de verse si acaso permitan superar la aludida inseguridad las definiciones que acuña el estatuto de la Corte Penal Internacional (art. 5 ° y ss, espe cialmente, el art.
7°) hecho en Roma el 17 de julio de 1998".
19) Que, como se advierte, la sentencia impugnada carece de fundamentación suficiente sobre Arbitrariedad de la sentencia de cámara
el punto pues se limita a una afirmación dogmática sin efectuar análisis alguno de la co nducta punible en relación con los hechos de la causa establecidos por el tribunal y a sostener que no existe una definición segura en las convenciones internacionales.
20) Que de la definición dada por la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y los Crímenes de Lesa Humanidad, surgen los elementos necesarios para determinar si la conducta reprochada en autos constituye delito de ese tipo. En efecto, de ell a se desprende la conexidad entre el homicidio Cy otros delitos o actos inhumanos C y la persecución política y la conspiración para cometerlos en la formulación y ejecución de un plan común. También se incluye, dentro de la calificación de los crímenes d e lesa humanidad, el formar parte de una organización destinada a cometerlos. En este sentido adquiere particular relevancia la participación de los representantes de la autoridad del Estado y los particulares como autores o cómplices que inciten o que co nspiren para cometer cualquiera de los crímenes que allí se mencionan (arts. I y II).
21) Que el art. 6 (c) de la Carta o Estatuto del Tribunal Internacional más arriba citado, al definir los crímenes de lesa humanidad incluye a "otros actos inhumanos cometidos contra cualquier población civil antes o durante la guerra...". Esta definición, pese a su amplitud, resulta sumamente precisa en cuanto permite incluir dentro de ella a un delito iuris gentium , como el terrorismo. Este se patentiza mediante una desproporción total entre el fin político o ideológico buscado y el medio emplea - do, con la consecuente violación de los más elementales principios de la convivencia humana civiliza da.
Dado que el terrorismo implica la comisión de crueldades sobre gente inocente e indefensa causa un sufrimiento innecesario y un peligro inútil para las vidas humanas de la población civil. Se trata de un sistema de subversión del orden y la seguridad pública que, si bien en la comisión de ciertos hechos aislados puede apun tar a un Estado determinado, últimamente se caracteriza por desconocer los límites territoriales del país afectado, constituyéndose de este modo en una seria amenaza para la paz y la seguridad de la comunidad internacional. Es por ello, que su persecució n no interesa exclusivamente al Estado directamente perjudicado por sus acciones, sino que se trata de una meta cuyo logro beneficia, en última instancia, a todas las naciones civilizadas, que por ello están obligadas a cooperar en la lucha mundial contra el terrorismo, tanto por la vía de los tratados internacionales vigentes, cuanto por la coordinación de sus derechos internos encaminada a la mayor eficacia de aquella lucha (ver, entre otros, García Mora, Manuel, Crimes Against Humanity and the Principle of Non Extradition of Political Offenders , Michigan Law Review, Vol. 62, abril 1964, N° 6;
Jacques Borricand, L'extradition des terroris tes , Revue de Science Criminelle et de Droit Pénal Comparé, julio -septiembre de 1980, N° 3; Miguel An gel Bercaitz, La Guerra Sucia. La obediencia debida,
Buenos Aires, 1985; Pablo A. Ramella, Crímenes con tra la Humanidad , Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1986;
Luis Jiménez de Asúa, Tratado de Derecho Pe nal , Ed.
Losada, Buenos Aires, 1950, T. II; Fallos: 319:510, disidencia del juez Boggiano y 321:1928, disidencia de los jueces Boggiano y López).
22) Que, por otra parte, el derecho internacional público consuetudinarioy convencional se ha hecho eco de la necesidad de cooperación internacional para la represión del terrorismo, así como de cualquier ataque indiscriminado a la población civil indefensa. Cabe destacar en este sentido los siguientes instrumentos internacionales: la Convención sobre el Genocidio de 1948; el Convenio Relativo a la Protección de las Personas Civiles en Tiempo de Guerra, del 21 de octubre de 1950 y el Protocolo Adici onal Relativo a la Protección de las Víctimas de los Conflictos Armados sin Carácter Internacio nal, del 7 de diciembre de 1978; las convenciones de La Haya del 16 de diciembre de 1970 y de Montreal, del 23 de septiembre de 1972, sobre represión del apoder amiento ilícito de aeronaves y represión de actos ilícitos contra la seguridad en la aviación civil; la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y los Crímenes de Lesa Humanidad, de 1968; la Convención para Prevenir y Castigar lo s Actos de Terrorismo, aprobada por la Asam blea de la OEA, en 1971; la Convención sobre la Pre vención y Castigo de Crímenes contra Personas Internacionalmente Protegidas, incluyendo agentes diplomáticos, de 1973; la Convención Europea contra el Terrori smo, firmada en Estrasburgo en 1977; el acuerdo suscripto con el gobierno de la República de Italia sobre la Cooperación en la Lucha contra el Terrorismo, el tráfico ilícito internacional de es - tupefacientes y la criminalidad organizada (ley 24.530); la Re solución 1373 (2001) adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, median te la cual se reafirma la necesidad de luchar con todos los medios, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, contra las amenazas a la paz y la seguridad int ernacionales representadas por los ac tos de terrorismo; el Acuerdo de Cooperación sus cripto con el Gobierno de la República de Turquía para Combatir el Contrabando Internacional de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas,el Terroris mo Internacional y la Criminalidad Organizada (ley 24.809); el Acuerdo sobre Cooperación en Materia de Combate contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Narcóticos y Substancias Psicotrópicas, Terrorismo Internacional y otros Crímenes Graves, suscripto con el Gobierno del Es tado de Israel (ley 25.597); Convenio Internacional para la Represión de los Atentados Terroristas Cometidos con Bombas, abierto a la firma en Nueva York - Estados Unidos de América, el 12 de enero de 1998 (ley 25.762).
23) Que las s ituaciones conflictivas actuales presentan agentes que no son estados sino entes derivados de la disgregación de los estados o vinculados a reivindicaciones independentistas o con organizaciones criminales, en especial grupos terroristas. La lucha contra el terrorismo ha de librarse también en la política internacional. Y, en todo caso, el uso de la fuerza contra el terrorismo no puede renunciar a los principios de un estado de derecho. No sería aceptable la solución de la derro ta del terrorismo con pres cindencia de los derechos Barbarie o vandalismo
humanos fundamentales pues la violación de esos derechos no puede ser justificada con el pretexto inaceptable de que se trata de cuestiones internas de un Estado.
24) Que el criterio adoptado en esta causa no es ajeno al espírit u más tradicional de la jurisprudencia de esta Corte en cuanto excluye de la impunidad a acciones de barbarie o vandalismo. Así, en el caso de la excarcelación de Ricardo López Jordán (Fallos: 21:121) se la denegó por la circunstancia de haber autorizado durante la rebelión gran número de homicidios. El Tribunal agregó que se había adop tado tal criterio aun cuando fuera posible que el acusado lograra desvanecer los cargos, lo cual era deseable "por su propio bien y por honor del país y de la humanidad". Iguales consideraciones aparecen en Fallos: 54:432, considerando 3 °.
La misma doctrina fue aplicada para condenar a los responsables de la masacre de la Estación Pirovano (Fallos: 115:312), ocurrida cuando un grupo de suboficiales y soldados participante s de la rebelión de 1905 se amotinaron contra los dirigentes locales de la insurrección y los asesinaron. En el caso, la Cámara Federal de La Plata, cuya sentencia fue confirmada por esta Corte, expresó: "los homicidios llevados a cabo...no son formas o manifestaciones necesarias, tendientes a preparar o llevar a cabo el acto de rebelión o necesarios para la conse cución y feliz éxito de la contrarebelión, que los procesados afirman haber tenido la intención de efectuar...Son actos de 'barbarie inútil'". Esta línea de jurisprudencia fue seguida en Fallos:
254:315 y 286:59, en oportunidad de examinar el al - cance que debía otorgársele a los efectos exculpatorios de las leyes de amnistía 14.436 y 20.508 respectivamente.
Finalmente, en el caso de la extra dición del médico alemán Gerhard Bohne (Fallos: 265:219), acusado de ser jefe de una organización encargada de eliminar enfermos mentales en forma masiva y metódica, mediante el uso de cámaras de gas, se expresó que "ni la alegación de propósitos político s, ni la de supuestas necesidades militares, puede ser admi tida como fundamento para negar la extradición, cuando se trata de hechos delictuosos claramente contrarios al común sentir de los pueblos civiliza dos, dada su específica crueldad e inmoralidad; es to, sin perjuicio de señalar que tal alegación... ninguna relación ostensible guarda con las infrac ciones políticas o militares". Es oportuno destacar que, al igual que en el presente caso, la acusación no versaba sobre la comisión directa de los hecho s sino sobre la participación en una organización des tinada a llevar a cabo las apuntadas atrocidades (conf.
Fallos: 319:510, disidencia del juez Boggiano y 321:1928, disidencia de los jueces Boggiano y Ló pez).
25) Que de lo precedentemente expuesto se desprende que se halla tipificado como delito del ius gentium el formar parte de una organización des tinada a cometer delitos de lesa humanidad, entre los que también cabe incluir al terrorismo. Esta era la finalidad de la actuación de la DINA en el exte rior respecto de los opositores en el exilio al ré gimen de facto. En efecto, la confabulación lo era para cometer delitos de lesa humanidad, pues las víctimas Asociación ilícita para cometer delitos de l ius gentium
de aquéllos constituían un grupo perfect amente determinado. En otras palabras, la mencionada asociación integrada por miembros o personas vinculadas a un organismo oficial extranjero se confabuló para una cierta categoría de delitos y no otros.
26) Que, en el caso, no se halla cuestionado qu e Arancibia Clavel, desde marzo de 1974 hasta noviembre de 1978 en que fue detenido, integró la DINA exterior, organismo oficial chileno que, en los hechos, consistía en una asociación de más de tres personas, que tenía la finalidad de cometer delitos ende rezados a la persecución de opositores políticos al régimen de facto instalado en la República de Chile. Esto se concretaba en secuestros, sometimien to a interrogatorios bajo tormentos, sustracción y falsificación de documentos, tráfico ilegal de ar mas, acopio de explosivos y material de guerra, ho micidios de cautivos, especialmente de notorios per sonajes que integraron el gobierno constitucional chileno derrocado, con supresión y sustitución de su identidad. También está fuera de discusión que los hech os precedentemente mencionados perseguían el inequívoco propósito de amedrentar a dirigentes políticos en el exilio para desalentar su organización y sus actividades. En suma, el fin de la asociación era perseguir, reprimir y exterminar de modo sistemáti co a los disidentes de la dictadura.
27) Que también quedó probado que el rol de Arancibia Clavel dentro de la aludida asociación ilícita era relevante en virtud de sus fluidas relaciones con servicios de inteligencia y fuerzas de seguridad argentinas y agentes secretos extranjeros, así como por su demostrada capacidad para organizar una elaborada red de colaboradores locales e informantes a fin de obtener un acabado conocimiento so bre el quehacer de los exiliados chilenos. En tal sentido, no puede sosl ayarse que se tuvo por demostrada su participación en los tormentos de que fue víctima la ciudadana chilena Laura Elgueta que se había refugiado en el país ya que su vida y libertad se hallaban en riesgo en virtud de su pertenencia a un grupo disidente. P or lo demás, en determinado momento, el encartado encubrió sus actividades bajo la supuesta calidad de empleado de una entidad bancaria oficial chilena.
28) Que de lo expuesto se sigue que el accionar de la DINA en el exterior constituía el necesario cor relato de lo que estaba ocurriendo en la República de Chile y se hallaba encaminado a afianzar ese estado de cosas reñido con los más ele mentales principios del derecho universal de los derechos humanos. En otras palabras, la dictadura no sólo tenía sus c imientos en la represión interna sino que ésta se proyectó al exterior para comple mentarla. Nos hallamos pues en presencia de delitos indeterminados contra un grupo claramente definido, esto es de los disidentes de la dictadura donde quiera fuese el lugar del mundo donde se hallaren.
29) Que en el caso no se presenta una cuestión de conflicto de leyes en el tiempo pues el crimen de lesa humanidad lesionó antes y ahora el derecho internacional, antes el consuetudinario , ahora también el convencional, codificador del consuetudinario.
30) Que el principio de no retroactividad No hay conflicto de leyes en el tiempo Imprescriptibilidad y retroactividad
de la ley penal ha sido relativo. Este rige cuando la nueva ley es más rigurosa pero no si es más be nigna.
Texto extraído del documento oficial del tribunal. Ante cualquier diferencia, prevalece el PDF original.
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